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Protocolo familiar: planificar la supervivencia

Gestionar una empresa familiar conlleva dificultades adicionales a las de cualquier negocio. A los problemas típicos de la empresa, se suman los problemas típicos de la familia. El protocolo es un instrumento que permite documentar acuerdos y evitar conflictos.
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En el manejo de una empresa familiar suelenEl protocolo es “un instrumento que contiene acuerdos preventivos para posibles conflictos familiares y resulta una herramienta de planificación muy efectiva para la supervivencia y competitividad de las empresas familiares”. Cristina González Unzueta confluir criterios empresarios (racionalidad y rentabilidad, por ejemplo), con otros que son propios del ámbito de la familia (emociones, protección, incondicionalidad). En la medida en que el negocio se complejiza y la familia evoluciona, la expansión de la actividad y la incorporación de nuevos integrantes pueden producir choques irreconciliables de criterios. En muchos casos, surgen conflictos tan serios que se pone en jaque el negocio y se desarticula la familia.

Para evitarlo, es posible construir, por lo general con la ayuda de especialistas, un protocolo familiar. Éste es un documento que refleja el resultado de una serie de discusiones que los miembros de la familia llevan adelante sobre aspectos centrales para que el negocio sobreviva y crezca. El análisis de las diversas situaciones que puede enfrentar la familia antes de que los problemas ocurran, en frío y sin las tensiones emocionales que surgen ante los conflictos, permite establecer prioridades y definir pautas de conducta.

“Se trata de un instrumento que contiene acuerdos preventivos para posibles conflictos familiares y resulta una herramienta de planificación muy efectiva para la supervivencia y competitividad de las empresas familiares”, plantea Cristina González Unzueta, consultora y docente del Programa de Supervivencia y Competitividad de Empresas Familiares de la Región Centro de Argentina, implementado desde 2007 por la Universidad Empresarial Siglo 21 junto con el BID.

Cabe destacar que el protocolo es fruto de los acuerdos en el seno de la familia, y si bien suele formalizarse en un documento firmado por todos, no tiene la validez legal de los estatutos o contratos de propiedad. Así, solo se trata de un compromiso privado que asumen los miembros de la familia propietaria de un negocio sobre los criterios que van a adoptarse para la administración de la empresa.

Algunas de las preguntas que suele responder este documento: ¿qué miembros de la familia pueden trabajar en la empresa?, ¿qué requisitos deben cumplir?, ¿cuánto y por qué rol cobran los familiares?, ¿cómo se anticipa que será la sucesión?, ¿qué pasa con los familiares políticos?, ¿cómo se toman las decisiones que pueden impactar en el bienestar de la familia?, ¿cómo se diferencia la propiedad de la gestión?.

No hay una única respuesta válida. Mientras que en algunas empresas se prefiere dar prioridad a los miembros de la familia cuando se abre un puesto de trabajo, en otras se busca incorporar al negocio sólo a quienes puedan competir con candidatos del mercado. Pero lo esencial es que en la empresa que ha definido su protocolo el tema no debe discutirse cada vez que surge, ni se utilizan criterios diferentes antes situaciones similares. Como expresa uno de los miembros de la empresa cordobesa CARPAL, que desarrolló su protocolo dentro del programa de Siglo 21:“se profesionaliza un espacio de la familia para hablar de negocios, con el fin de preservar tanto la empresa como las relaciones familiares”.

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