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15 de octubre 2012

Bife supercomputadoras: ciencia que emprende

Se conocieron en el jardín de infantes en La Plata hace más de dos décadas. Hoy, uno doctor en Física, el otro ingeniero electrónico, son socios en un emprendimiento tecnológico que promete resolver cálculos de alta performance y competir en el mundo.
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Javier Haboba y Demian Slobinsky son amigos desde el jardín de infantes. A los 10 años diseñaron juntos un videojuego y hoy son socios de BIFE, una empresa que se propone diseñar supercomputadoras capaces de resolver "los problemas más complejos y desafiantes en el campo de las ciencias, las finanzas, la medicina, la industria, la predicción del tiempo y de catástrofes, entre otras áreas".

Javier es ingeniero electrónico, y está terminando su doctorado en Bologna, Italia. Demian, doctor en Física, lo visitó hace dos años en Italia y en el intercambio de sus experiencias, descubrieron una oportunidad y una forma de aprovecharla: combinar sus conocimientos para crear una supercomputadora personal rápida y económica. 500 veces más poderosa que una PC, esta máquina ayudaría a los científicos a hacer simulaciones y manejar grandes cantidades de datos.

Con apoyo familiar y mucho esfuerzo armaron un prototipo y un plan de negocios para salir a probar su concepto. En 2011 llegaron a presentar el proyecto en Sillicon Valley. Como finalistas de la competencia internacional Intel Global Challenge, obtuvieron varias menciones. Ganaron, además, los 30.000 dólares que otorga el primer premio del concurso ib50K, desarrollado por el Instituto Balseiro para promover los emprendimientos de base tecnológica."Queremos demostrar que se puede diseñar hardware y software para computación de alta performance íntegramente en Argentina, de una manera redituable y competitiva con el resto del mundo".
La prueba exitosa en el mercado los impulsó a concretar su sueño. Aunque ambos vivían en el exterior, decidieron poner en marcha el proyecto desde la Argentina, regresando a la ciudad de La Plata. Allí constituyeron una Sociedad Anónima y abrieron su oficina, en la que trabajan junto a otros científicos argentinos en acuerdos con universidades locales. "Queremos demostrar que se puede diseñar hardware y software para computación de alta performance íntegramente en Argentina, de una manera redituable y competitiva con el resto del mundo. Nos interesa demostrar que la academia no es la única salida laboral que el país ofrece a sus científicos".

El nombre surgió después de observar que las empresas internacionales exitosas tenían nombres como Blackberry (mora) y Apple (manzana). ¿Por qué no poner un nombre bien argentino? Así, bautizaron a la empresa "Bife". En esa misma línea, su primera supercomputadora, en pleno desarrollo, tiene también un nombre campestre: Taba.

Con respecto al grado de avance del negocio, los emprendedores cuentan: "En este momento estamos a la espera de la firma de algunos convenios para incorporar más gente y desarrollar nuevas aplicaciones y plataformas más grandes, y estamos también en la búsqueda de inversión privada para poder sobrevivir hasta terminar la etapa desarrollo y empezar a vender".

El proyecto es complejo y ambicioso, pero Haboba y Slobinsky confían en el análisis del mercado que llevaron a cabo, y en su propia experiencia con cálculos de alta performance para imaginar que su supercomputadora tiene un gran camino por delante.

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