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02 de junio 2015

A la hora de emprender, ¿alcanza solo con tener pasión?

Muchos destacan la pasión como factor determinante para emprender. Sin embargo, ¿es suficiente? ¿Cómo transformar ese empuje en acciones concretas que nos conduzcan al camino del éxito?
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En nuestro día a día, usamos a menudo Es prácticamente imposible lanzarse a correr riesgos si uno no cuenta, de antemano, con un sueño que lo inspire el verbo emprender. Nos definimos como emprendedores, hablamos de un ecosistema que nos es propio, nos conectamos con gente que está recorriendo nuestro mismo camino y enmarcamos todas nuestras victorias y fracasos bajo el paraguas de esta palabra, que tan de moda se ha puesto.

Pocas veces, sin embargo, nos detenemos a pensar de qué hablamos realmente cuando decimos que nos dedicamos a "EMPRENDER", así con mayúsculas. En principio, y de acuerdo con la Real Academia Española, estamos hablando de "acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro". La dificultad – de transitar un camino nuevo y desconocido- y el peligro – de no cumplir con los objetivos planteados- se desprenden de la definición misma. En otras palabras, son una parte intrínseca del maravilloso viaje del emprendedor.

Es importante saber esto antes de empezar, porque es prácticamente imposible lanzarse a correr riesgos si uno no cuenta, de antemano, con un sueño que lo inspire, una inquietud que lo desvele o un problema que quiera resolver más que cualquier otra cosa en el mundo. Es prácticamente imposible lanzarse a emprender si uno no cuenta con una pasión profunda e intensa por lo que quiere hacer porque a veces, y especialmente al principio, será ella la que nos mantenga fuertes y determinados a no bajar los brazos frente a los desafíos que se nos presenten.

Ahora bien, sabemos que es indispensable, pero ¿es la pasión por sí sola una condición suficiente a la hora de emprender? Por mucho que me encantaría decir que sí, no se puede dejar de reconocer que hay, a la vez, otros factores involucrados que son igualmente importantes a la hora de plantearse con seriedad la posibilidad de pasar de la emoción a la acción; de proponerse convertir una idea en un emprendimiento que tenga, a la vez, el potencial para transformarse en una forma de vida que represente aquello que realmente somos y queremos hacer de nuestro día a día.

La pasión es necesaria, pero no suficiente. En este sentido, según resultados del Global Entrepreneurship Monitor, en la Argentina el 57% de la población adulta cree que tiene capacidades para emprender, y el 28% cree que existen oportunidades en el país para hacerlo. Sin embargo, sólo el 12% de la población adulta (de 18 a 60 años) lo hace. ¿Qué factores explican esta diferencia? Entre ellos, seguro, el miedo al fracaso, que ronda el 30% de la población adulta según el estudio mencionado.

Entonces, ¿qué hacer para emprender? Y lo que resulta más interesante, ¿qué hacer para emprender sin morir en el intento?

Si bien abundan en la web decálogos sobre cómo convertirse en un emprendedor exitoso, la verdad es que no existen recetas mágicas: siempre va a haber altibajos en el camino del emprendedor. Se trata de un proceso plagado de incertidumbres, pero hoy contamos con información y herramientas que nos ayudan a bajar esos riesgos. En primer lugar, debemos conformar un equipo formado con perfiles complementarios, con buen capital social (qué saben y a quiénes conocen), que entrene sus habilidades blandas como la empatía, el liderazgo, la resiliencia, la comunicación, la negociación. Un equipo con estas características tiene muchas más posibilidades de llevar adelante un proyecto con éxito. Por otro lado, además, existen metodologías ágiles que nos ayudan a probar rápido una idea sin necesidad de invertir mucho dinero en ella. Técnicas como Design Thinking, Lean Start Up o Canvas Business Model nos permiten ponernos en los pies de quien va a utilizar nuestro producto o servicio, empatizar con él, conocerlo y generar prototipos que nos indiquen si nuestra propuesta de valor realmente resuelve un problema y, en tal caso, si existen clientes dispuestos a pagar por esa solución. De este modo, vamos conociendo nuestro mercado, dialogando con él y generando mejores versiones de aquello que queremos vender a medida que vamos validando distintas hipótesis. Se trata de dar pasos más cortos, bajar esos riesgos e ir permanentemente revisando y mejorando nuestra propuesta a partir de la información que nos da el usuario.

Estos consejos, por más útiles que sean a la hora de largarse a la aventura de emprender, no nos llevarán a ningún lado por sí solos: necesitan de la pasión tanto como ella de estos consejos y, sobre todo, de las ganas de animarse. Eso es lo más importante.

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