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22 de febrero 2016

Chilly Design, desafiar la estacionalidad

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Tres amigos diseñan reposeras para simplificar los momentos al aire libre. Como emprendedores, buscan consolidar una empresa con impacto social, ambiental y económicamente redituable.

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Un auditorio lleno de emprendedores Todos los días hay desafíos nuevos y se presentan cosas que decís “Esto no lo sé hacer, pero tengo que aprendery un jurado de 40 personas destacadas esperan la exposición que Facundo Moro (27), Diego Zimmermann (30) y Segundo Fernández Madero (28) harán para presentar su proyecto en la final de la competencia NAVES para startups. Por el pasillo de la derecha, entra Diego con una musculosa blanca medio gastada, un gorrito piluso y una reposera oxidada. "¿A quién no le pasó alguna vez entrar así a la playa y sentirse un poco avergonzado?", pregunta Facundo desde el escenario. Por la izquierda, confiado, avanza Segundo con una gorra canchera, auriculares y una Chilly en cada mano, las sillas de diseño que ellos crearon para disfrutar de la vida al aire libre y del "tranca style living", como ellos lo definen. "¿Quién no quiere llegar así a la playa?", pregunta ahora Facundo y el público, acostumbrado a presentaciones más tradicionales, estalla en risa y aplausos.

Estos tres amigos, que se conocieron estudiando Diseño Industrial en la Facultad de Diseño y Urbanismo de la UBA, querían desarrollar un producto y crear una marca que simplificara los momentos al aire libres. Entonces, sin un plan de negocios ni proyecciones demasiado definidas, lanzaron Chilly Design con una tanda de diez sillas que confeccionaron ellos en sus casas. A partir de ahí el crecimiento fue orgánico y hoy producen más de 6000 sillas al año, que comercializan por tres canales: venta online, venta a empresas -como regalos corporativo-y venta a través de locales multimarca.

Con el tiempo, definieron su plan de negocios, que apunta a posicionar a Chilly Designs como una empresa B, es decir, una empresa con impacto social, ambiental y económicamente redituable. "Armar una empresa de triple impacto es lo que más nos motiva", destaca Facundo y agrega: "como dice el slogan de sistema B: 'no ser la mejor empresa del mundo, sino la mejor empresa para el mundo'". Por eso, hoy trabajan con dos fundaciones, la Fundación Franciscana de Moreno y Yo no fui, para confeccionar sus productos junto a mujeres que encuentran en la costura industrial un oficio y una salida laboral. Así, estos emprendedores llevan adelante una producción mixta, ya que realizan una parte en su fábrica y tercerizan la otra.

Entre ellos, rotan en las tareas de administración, finanzas, comunicación y marketing, aunque los tres se encargan del desarrollo del producto, que es lo que más les gusta. Con la estacionalidad como uno de sus mayores desafíos, sus planes en el corto plazo son, por un lado, empezar a exportar para tener doble estacionalidad y, por el otro, incorporar nuevos productos que sean comercializables en invierno. "Ya diseñamos y lanzamos un almohadón-manta, en la Feria Puro Diseño, y estamos por lanzar una matera que se despliega y queda como mantel", anuncia Facundo.

Emprender con amigos puede tener sus dificultades también. Facundo cuenta que la clave fue tenerse mucha paciencia y explica: "hay que aprender a entender el momento del otro y el momento propio". En estos cinco años desde el lanzamiento de Chilly Design, también los ayudó participar de cursos de emprendedores para conocerse, saber qué cosas hace mejor cada uno y cuáles, sí o sí, tienen que delegar. "Fue importante entender qué aporta cada uno al emprendimiento, valorar esas cosas y potenciarnos en nosotros", resalta.

Animarse a un salto inesperado

Desde que lanzaron Chilly Design, en 2010, hasta 2014 su producción había sido de cerca de 3500 reposeras. Pero de repente, en una semana a fines de 2014, les hicieron dos pedidos que superaban las cantidades que habían confeccionado, en total, en esos cuatro años: dos empresas les pidieron más de 4000 Chilly como regalos empresariales. En ese momento, cuenta Facundo, tuvieron que sentarse y definir si podían hacerlo. "En el taller en el que estábamos no entraban ni los materiales para hacer esa producción", recuerda. Pero se decidieron a hacerlo, armaron los plazos de entrega, alquilaron un galpón, se mudaron, buscaron talleres de carpintería y costura para producir y lograron entregar todo a tiempo. Fue un crecimiento importante: "Pudimos lograr ese salto productivo que hoy nos permite tener la organización, haber afilado los precios mayoristas, tener mejor relaciones con proveedores y crecer, básicamente".

En 3 preguntas:

¿A qué segmento apuntan? Intentamos muchas veces hacer un análisis de mercado y de cliente y la verdad es que el segmento termina siendo amplio. Nosotros hoy en día apuntamos a un cliente aspiracional, que es joven, relajado, deportista, le gusta la naturaleza y le atrae el espacio del aire libre. Esto incluye a mucha gente, es muy amplio.

¿Qué es lo que más te gratifica de tu trabajo? Lo que más me gusta es aprender. Todos los días hay desafíos nuevos y se presentan cosas que por ahí decís "Esto no lo sé hacer, pero tengo que aprender", y es aprender con dos amigos. Lo lindo es de poder estar haciendo lo que a uno le gusta y poniéndose objetivos en la vida. Sobre todo, tratar de armar una empresa de triple impacto.

¿Qué consejo darías a otros emprendedores? Primero, tener paciencia y bancársela porque no siempre es fácil, no siempre es divertido, no siempre es lo mejor que te puede pasar. Pero, al fin de cuentas, si uno tiene un objetivo, de a poco va llegando y, sobre todo, con esfuerzo es lindo ver cómo se generan cosas, se genera valor, se generan relaciones con otra gente, se crea un producto que genera empatía con los clientes y que en definitiva está resolviendo una necesidad para que la gente pueda, en nuestro caso, disfrutar más simplemente de los momentos al aire libre.

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