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06 de julio 2016

Producto mínimo viable: testear para mejorar

Esta metodología permite probar el producto o servicio, hacer ajustes y salir al mercado con lo que el cliente está dispuesto a comprar.
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Cuando se realiza una No es necesario, para testear, que el producto/servicio sea perfecto, sino que tengas una mínima expresión de él. investigación de mercado, lo que se busca es conocer el rubro, saber qué hace la competencia, definir el target, entre otras cosas. La investigación debe ser el primer paso para los emprendedores que tienen una idea clara de producto o servicio.

Investigar (en el sentido antes dicho) implica recabar información para poder empezar a tomar decisiones. Como resultado del análisis de la información, se tendrá una propuesta de producto/servicio y los atributos que lo diferenciarán de la competencia.

Ahora bien, si el emprendedor considera que cumplida esta etapa ya está listo para iniciar su startup está yendo por mal camino. Investigar, procesar y concluir en un producto o servicio lo prepara, en realidad, para la siguiente etapa que es testear para probar si realmente es el producto o servicio que el cliente quiere, si es la forma en que lo quiere, si le haría mejoras y cuáles.

Eric Ries fue quien creó la metodología Lean startup, en la cual desarrolla el concepto de Producto Mínimo Viable (PMV) apoyándose en el método científico: que consiste en establecer una hipótesis, probarla, medir resultados, analizar y aceptar o rechazar dicha hipótesis. Si se acepta, se sigue mejorando, probando y midiendo hasta llegar al producto/servicio que podemos lanzar al mercado.

No es necesario, para testear, que el producto/servicio sea perfecto, sino que tengas una mínima expresión de él (un boceto, un prototipo, una maqueta, una presentación) para mostrarlo a potenciales clientes y conseguir una devolución por parte de ellos. Aquí juega mucho la creatividad y, sobre todo, la flexibilidad mental para recibir y aceptar críticas (porque normalmente no nos gusta que nos critiquen).

Por eso, conviene ser objetivo y pensar desde el lugar de la mejora. La clave es pensar en el negocio. Un error muy común es caer en la emocionalidad porque muchas veces se está tan seguro de lo perfecta que es la idea que no aceptamos un "no" por respuesta, pero no desde la convicción sino desde la "cerrazón".

Una vez hechas las últimas modificaciones, hay que volver a medir para recién ahí saltar a la siguiente etapa que es armar el plan de negocios para dar la estructura de empresa y planificar la estrategia. Luego, sí, ya estaríamos en condiciones de poner en marcha el emprendimiento.

Este proceso permite testear, aprender, mejorar y salir al mercado con mayor conocimiento, con estrategias y, sobre todo con lo que el cliente está dispuesto a comprar.

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