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02 de agosto 2016

Luigi Bosca: "Esta empresa es un proyecto familiar"

La familia Arizu ya va por la cuarta generación al frente de las bodegas Luigi Bosca. Una historia de búsqueda constante y de crecimiento de un proyecto que aún no encontró su techo.
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Hoy, luego de 115 años, el Quiero que las personas que trabajan en la empresa sientan mi alegría, aunque haya etapas difíciles. Esa es la manera de que se involucren legado de Leoncio Arizu, fundador de Bodegas Luigi Bosca, está más vivo que nunca. La innovación permanente, el espíritu de trabajo y la búsqueda constante de la máxima expresión del vino argentino han guiado a los Arizu desde los comienzos hasta transformarlos en una de las familias emblemáticas de la industria vitivinícola local.

Al frente de Luigi Bosca, la cuarta generación de la familia ha consolidado una sólida posición en mercados internacionales, sin perder el foco en el consumidor argentino. "Mi bisabuelo, Leoncio Arizu, pensó esta bodega como un proyecto familiar desde el inicio. El valor de la empresa familiar es importante para el comprador. Además, el vínculo personal es fundamental en la relación comercial. Eso logra una fidelización de la marca que es tal vez difícil de cuantificar pero que se puede ver en el respeto que se genera", cuenta Gustavo Arizu, actual vicepresidente de la bodega.

La historia de la familia y la de la bodega son una. Arizu está convencido de que el traspaso generacional empieza cuando nacen los hijos, aun cuando no sea consciente. "Que las nuevas generaciones de la familia se involucren en la empresa depende del cariño que la generación anterior exprese por lo que está haciendo. Nuestra familia siempre ha expresado ese cariño. La Argentina es un país complicado, pero cuando uno tiene un padre o un tío que valoran la empresa, uno ya tiene un amor especial por este proyecto, por lo que el traspaso generacional está garantizado. El 50%, que es el cariño, ya está. Falta el 50% que es esfuerzo. Y eso depende de cada uno".

El ejemplo, el amor por el proyecto familiar y el compromiso con un objetivo en común parecen ser las claves del éxito. En este sentido, Arizu explica cómo comunica a los nuevos miembros el valor de la empresa en el día a día: "Tengo que mostrarle a la próxima generación que se viene un futuro lindo. Tengo que inculcar que se puede continuar el negocio. Quiero que las personas que trabajan en la empresa sientan mi alegría, aunque haya etapas difíciles. Esa es la manera de que se involucren. Es muy importante que siempre haya un objetivo que haga que las generaciones que siguen puedan continuar".

Alberto Arizu, padre de Gustavo, es hoy el miembro mayor de la familia y ha sabido guiar a la nueva generación a la vez que les dio libertad para dar sus propios pasos. "Mi abuelo murió cuando mi padre era muy joven y junto a sus hermanos tuvieron que continuar con la empresa familiar. Mi padre siempre ha sido un compañero y me ha dejado hacer. Su mensaje siempre fue: "Hacé y si llegás a un punto en el que no podés continuar, vení que estoy para ayudarte en lo que necesites".


El aporte de cada generación

En 1890, Leoncio Arizu llegó a Mendoza desde la zona de Navarra, España, en busca de nuevas oportunidades. Aunó esfuerzos con los Bosca, una familia piamontesa, y así nació en 1901 lo que hoy se conoce como Bodega Luigi Bosca - Familia Arizu. Las fincas están ubicadas en las zonas más prestigiosas de Mendoza: 750 hectáreas en Luján de Cuyo, Maipú y Valle de Uco.

"Creo que mi bisabuelo Leoncio nunca vislumbró a lo que se podía llegar. Él quería dejar algo a la próxima generación. Mi abuelo Saturnino hizo lo mismo pero empezó a intuir la calidad que se podía alcanzar. Pero su visión quedó trunca porque falleció muy joven. Y la generación de mi padre y mis tíos concretaron ese sueño. Los cinco hermanos tomaron la decisión de pasar a hacer foco en los vinos de alta gama, después de muchos años de cultivos experimentales. Hasta ese momento, destinábamos muy poquito a los vinos de mayor calidad y el resto a vinos de gamas medias. Nuestra generación, que es la cuarta, vio que podíamos proyectarnos hacia fuera con vinos de alta gama y competir internacionalmente", resume Arizu.

Pero el proyecto no concluye acá: "La quinta generación va a tener que actualizarse en un nuevo desarrollo comercial porque está cambiando todo. En un mundo globalizado como el actual, tenés que estar atento a ese consumidor que va a aparecer en cualquier lado del mundo".


Apuesta a futuro

Actualmente, Luigi Bosca tiene una producción de 7,5 millones de botellas por año y exporta a 50 países. Los mercados internacionales más importantes son Brasil, Canadá y Estados Unidos. También están creciendo en otros países de Latinoamérica. Sin embargo, el 50% de la producción se destina al mercado local.

"Siempre hubo en la familia un respeto por el consumidor que hizo que la bodega invirtiese mucho en el mercado argentino. Vendemos internamente el mismo producto que exportamos porque consideramos que el consumidor local tiene el mismo valor que el consumidor en otro país. Es un consumidor que cada vez sabe más", apunta Arizu.

Siguen invirtiendo y están convencidos en el potencial de la Argentina. "Todavía no hemos visto el límite. No hemos llegado a la madurez completa del proyecto. Siempre hay un nuevo objetivo, un nuevo desafío, un nuevo mercado para conquistar. Es una industria con una mutación tremenda".

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