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16 de septiembre 2016

AEROTEC: volar bien alto

Son una empresa familiar que brinda soluciones aéreas desde su base en Mendoza. Las barreras a la importación los obligaron a repensar el negocio. Hoy arman aviones con un 40% de insumos nacionales y no paran de crecer.
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Motivados por el deseo de hacer la aviación más accesible, Mario Cardama y sus hijos crearon AEROTEC en 1996. Desde Mendoza, se proponen romper con el paradigma de que la aviación está reservada para un selecto grupo de altos ingresos y trabajan a diario para demostrar que puede colaborar con el desarrollo de su comunidad.

Son una empresa familiar en pleno crecimiento y hoy su principal objetivo es diseñar y ofrecer servicios aéreos de todo tipo, desde publicidad hasta transporte, pasando por actividades como fotografía, apoyo a la minería, ambulancia, evacuaciones sanitarias y patrullaje de ductos.

Pero más que nada son el fiel ejemplo de que las crisis son también momentos de grandes oportunidades. Además de proveer una gran variedad de servicios aéreos, se habían consolidado como importadores de aviones producidos por Tecnam en Italia cuando comenzaron las restricciones a la importación entre 2012 y 2013. Esto los llevó a repensar su estrategia y diversificar sus actividades, buscando la complementariedad de los servicios de aviación para hacer un negocio sustentable.

Debieron desarrollar proveedores locales, adaptándolos a las exigencias que establecen las licencias que poseen. Hoy construyen aviones con un 40% de insumos argentinos. Los clientes son principalmente aeródromos, escuelas de vuelo y clientes particulares. Con una excelente tasa de crecimiento anual, son el reflejo de que las dificultades también pueden ser el puntapié del despegue de un negocio.

Un poco de historia

La base de AEROTEC está ubicada en Rivadavia, Mendoza. Con una inmejorable vista de la cordillera, poseen una pista privada e instalaciones cubiertas, servicios de combustible, mantenimiento y repuestos. Ese rincón de Mendoza puede contar la historia de una familia que lleva el emprendedorismo en sus genes.

"Somos la cuarta generación de los Cardama en este lugar. Nuestro bisabuelo y abuelo se dedicaron aquí mismo a lo típico de la zona, la vitivinicultura. Y luego, con el tiempo, nuestro padre empezó una industria avícola que fue muy floreciente en los años 80´. Él desarrolló esa empresa en paralelo con su pasión por los aviones. Nosotros luego usamos esos galpones como talleres para AEROTEC. Siempre en el mismo lugar. De hecho, tuvimos que erradicar una vieja viña para hacer la pista actual", cuenta Diego Cardama.

Su padre fue pionero de vuelo de alta montaña y piloto acrobático, además de piloto comercial e instructor de vuelo de avión y planeador. Pero la aviación estaba reservada a su tiempo libre. Sus tres hijos transformaron esa pasión familiar en un proyecto sustentable. Diego es el actual presidente y lleva adelante la administración general de la empresa. Mario (hijo) es director de Operaciones y José está al frente de toda la logística de la empresa y del manejo del personal. En su camino hacia la profesionalización de sus operaciones, también incorporaron a Héctor Guerrero, a cargo de comercio exterior.

"Esa historia de desarrollar un lugar y sufrir los vaivenes de la economía argentina pero a la vez sobreponernos y transformar el desierto mendocino primero en viña, luego en granja y luego en un aeródromo es lo que nos define como familia".

"Hacer pollos en Mendoza era como tener una viña en Entre Ríos. No le encontrábamos la lógica ni teníamos ventajas comparativas. Nuestro padre siempre había tenido en la cabeza poder hacer algo con la aeronáutica. Teniendo en cuentas las necesidades de Mendoza y las oportunidades que ofrecía la aeronáutica civil, a mediados de los 90´ encontramos la manera de vivir de lo que más nos gustaba", resume Diego.

Comenzaron a trabajar en sociedad con una empresa chilena. Alquilaron dos aviones para hacer publicidad aérea con remolque de carteles en la costa atlántica. En ese momento, tenían solo dos pilotos. Hoy tienen entre 15 a 20. Los primeros años se enfocaron en la publicidad. Luego sumaron liberación de insectos en Mendoza, que es el segmento que más horas de vuelo conlleva. También incorporaron la inspección de ductos y líneas de alta tensión, fumigaciones e inspección de incendios. Hace un par de años sumaron una base en Chile con dos aviones para exploración forestal y alerta temprana de incendios.

Crecimiento y compromiso

Actualmente están organizados en tres grandes unidades de negocio: fabricación y ventas, servicio aéreos, y taller. Ensamblan un promedio de 18 aviones por año y tienen cuatro modelos bajo licencia de fabricación. Además, han montado la Academia Aeronáutica en convenio con la Universidad de Cuyo. "Uno de nuestros mayores desafíos es ayudar a hacer que la aeronáutica sea una salida laboral organizada y concreta. La Argentina es exportadora neta de servicios educativos. Hay chicos que vienen de todos lados del mundo a formarse como pilotos. Pero la flota está avejentada. Nuestra visión es ir promoviendo la modernización de esa flota educativa junto a Tecnam, ir generando un cambio cultural que acompañe el desarrollo en la formación y los recursos físicos", cuentan entusiasmados.

La motivación detrás de tantos desafíos y esfuerzos es el compromiso por traer crecimiento a la comunidad a la que pertenecen. "Entender por qué razón hacemos lo que hacemos es importante. Cuando uno decide emprender, involucra todos los aspectos de su vida. Para nosotros es clave pensar que lo que hacemos no da igual, sino que puede generar un cambio positivo en nuestra comunidad. El compromiso no es solo con el negocio en sí mismo sino con el impacto positivo que podamos tener en la sociedad," dicen convencidos.

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