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03 de octubre 2016

Protocolo Familiar: hablar de lo que no se habla

En los negocios de familia, hay temas que se mantienen en silencio por temor plantearlos. El protocolo familiar es una herramienta útil que permite conducir esas conversaciones con éxito.

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Las conversaciones mantenidas Las conversaciones dentro del Protocolo Familiar están enfocadas en hablar de las cuestiones sumergidas de una manera adecuada, lo que fortalece la armonía familiar y las conversaciones evitadas se configuran en redes de conversaciones recurrentes que permiten identificar y describir a cualquier tipo de organización social. A modo de ejemplo, en un club de Golf recurrentemente se habla de deporte, también recurrentemente no se habla de física subatómica. De esta manera, hay temas que son tratados con frecuencia y otros que son evitados de la misma forma, dado el universo simbólico alrededor del campo en el que subyace la conversación.

A modo de analogía se pueden comparar las redes de conversaciones con un iceberg, en donde una estructura se muestra visible en la superficie y otra no se muestra, ya que se encuentra sumergida. La verdadera amenaza no está en esta superficie, que en la red conversacional sería la superficie discursiva, sino en los temas que son evitados de forma continua.

Dentro de las conversaciones típicas de los negocios familiares nos encontramos con temas que recurrentemente son tratados, entre los cuales figuran los relacionados con clientes, empleados y ventas. En contrapartida, se encuentran los temas frecuentemente evitados, comúnmente relacionados con remuneraciones, beneficios, privilegios, gratificaciones, intereses contrapuestos, diferencias de aptitudes y merito, destino del dinero, sucesión, entre otros.

Estos últimos, se encuentran por debajo de la red superficial de la conversación porque representan un mayor grado de dificultad a la hora de plantearlos. Debido a que son conversaciones difíciles, donde se deben gestionar diferencias de opiniones entre los parientes y en donde, muchas veces, si no son abordadas con cierta maestría, se corre el riesgo de herir la autoestima de las personas y lastimar los vínculos familiares.

Como mecanismo que permite poner en la superficie esos temas "solapados", "escondidos", o que no se han "develado" se encuentra el Protocolo Familiar, como aquel que permite que en un núcleo social constitutivo se desarrollen capacidades y herramientas para abordar temas que permanecen sumergidos ya que resultan conflictivos para la familia.

Las conversaciones concebidas en el desarrollo de Protocolo Familiar están enfocadas en hablar de las cuestiones sumergidas de una manera adecuada, lo que fortalece el afianzamiento de una auténtica armonía familiar y, en consecuencia, asegura la supervivencia del negocio.

En cambio, si el funcionamiento del grupo familiar se sustenta en una red de conversaciones evitadas, las relaciones de sus integrantes estarán enmarcadas en una armonía ficticia: una especie de tensa calma que no hace más que anticipar conflictos profundos y destructivos.

La importancia de desarrollar una Protocolo Familiar radica en alcanzar un proceso de maduración en la red recurrente de conversaciones familiares, haciendo foco especialmente en las conversaciones evitadas. De modo que el correcto funcionamiento de la red promueva la constitución familiar, compartiendo una visión entre los integrantes de la familia que genere armonía en el presente y el futuro.

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