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26 de octubre 2016

5 consejos para una rutina saludable

Estar al frente de tu pyme puede generar tensiones y estrés. Tené en cuenta estas claves para que la vida laboral no atente contra tu bienestar.

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Negociar con los proveedores, contratar Incorporar hábitos saludables permite contrarrestar los efectos adversos del estrés. un nuevo empleado, planificar los próximos pasos... El dueño de una pyme suele tener en la cabeza estas y muchas cosas más. Así, en ocasiones, el ritmo laboral se vuelve frenético, atentando contra la ansiada búsqueda de equilibro y generando episodios de estrés.

Las investigaciones en neurociencias confirman día a día que el estrés, en sus diferentes variantes de intensidad y duración, produce no solo cambios en el cerebro sino que también disminuye el desempeño de algunas de sus funciones.

Para combatirlo, el primer paso es descubrir los estresores. Es decir, aquellos hechos, personas, situaciones, incluso objetos, que provocan estrés. Es suficiente con mirar dentro de uno mismo o alrededor para detectarlos. Por ejemplo, para algunas personas es estresante dar un examen o hablar en público.

En los ámbitos laborales, hay factores que actúan como estresores, como los ruidos, las interrupciones, los teléfonos que suenan sin parar, entre otros. También la incertidumbre es un estresor importante para las personas que no soportan la ambigüedad y necesitan certezas.

Una forma de reducir el estrés es incorporar una serie de hábitos saludables que permitan recobrar la calma y llevar una vida saludable:

  1. Dormir: El sueño es uno de los mejores remedios para el estrés y el agotamiento y, además, un buen aliado para resolver los problemas que aquejan durante la vigilia. Cientos de investigaciones confirman que dormir bien facilita el análisis de situaciones que implican decisiones difíciles.
  2. Generar espacios de placer y diversión: La risa es muy saludable. Las personas que contrarrestan el estrés con el humor mejoran su sistema inmunitario y tienen menos posibilidades de sufrir enfermedades.
  3. Aprender a relajarse: Los efectos beneficiosos de la meditación para el cuerpo y la mente han sido corroborados infinidad de veces. Uno de los más recientes procede de un experimento realizado en el Hospital General de Massachusetts: los participantes hicieron ejercicios de relajación durante media hora diaria a lo largo de ocho semanas y lograron cambios importantes en regiones cerebrales de las que dependen nada menos que la memoria, la empatía, el sentido del yo y, por supuesto, el estrés.
  4. Realizar actividades aeróbicas o practicar algún deporte: La mejor forma de explicar la importancia del ejercicio físico para reducir el estrés consiste en destacar sus beneficios. Por ejemplo, varias investigaciones coinciden en que las personas que practican un deporte, caminan, bailan o realizan algún tipo de actividad aeróbica tienen menores niveles de ansiedad que aquellas que llevan una vida sedentaria. El acto cotidiano de hacer una pausa en la actividad frenética que caracteriza a las sociedades modernas para hacer ejercicio o practicar un deporte no solo permite que el cerebro se libere de los estresores, sino que también mejora su desempeño.
  5. Controlar lo que se come y, sobre todo, ¡comer solo lo necesario! Los malos hábitos alimenticios no solo predisponen a determinadas enfermedades y dañan los vasos sanguíneos, también están relacionados con el rendimiento cerebral. Este problema se potencia en el caso de las personas estresadas porque comen mal, a cualquier hora, en lugares donde les sirven comidas "rápidas" y, lo que es peor, suelen "deglutir" a las corridas porque ¡no tienen tiempo!

¿Ponés en práctica alguno de estos puntos?

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