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07 de marzo 2013
El restaurante que funcionaba en una antigua casona de Barracas estaba cerca de desaparecer hasta que fue rescatado por una mujer y sus cuatro hijos. "La Flor de Barracas" recupera ese espíritu de barrio porteño que tanto añoraban los vecinos de la zona.
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Primero "La Puñalada". Luego, "Tarzán". Hoy,"Trajimos a la cocinera de nuestra casa, a quien conocemos de toda la vida y básicamente pusimos un restaurante con la comida que comimos desde siempre". "La Flor de Barracas". Los nombres evolucionaron, pero la tradición se mantuvo. Este restaurante, una antigua casona ubicada en la esquina de Suárez y Arcamendia, en el barrio de Barracas, sigue siendo un fiel ejemplar del típico bodegón porteño que parece estar en extinción. Sus dueños lo compraron en el año 2009, cuando estaba muy venido abajo y los vecinos de la zona temían que el terreno fuera destinado a una torre. Sin embargo, ocurrió lo que nadie pronosticaba.

Oriunda de Belgrano, María Victoria Oyhanarte estaba buscando hacer una inversión inmobiliaria. Varios conocidos le habían hablado de cómo Barracas era un barrio en alza y así que se puso en marcha para hallarle un destino a su dinero. Finalizaba una jornada de ver propiedades y, cuando estaba por retomar la vuelta junto a sus cuatro hijos, se toparon casi por casualidad con aquella esquina tan mítica. Se enamoraron inmediatamente del lugar y yendo en contra de toda recomendación que la hiciera desistir, aquella mujer se aventuró de lleno en la refacción del restaurante y en la introducción al mundo gastronómico.

"Fuimos aprendiendo de la historia del lugar. Se cree que tiene entre 113 y 130 años de antigüedad, no hay un registro exacto. En un principio solía ser un sitio en donde se armaban duelos con navajas. Luego se convirtió en restaurante y decidimos que siguiera siendo así. No podíamos dejar a los vecinos de la zona sin este lugar", relata Tomás Gutiérrez Oyhanarte, de 21 años, uno de los hijos de Victoria. Si bien todos estuvieron muy involucrados en un principio, sus hermanos mayores fueron abandonando la actividad. A pesar de que la adquisición de La Flor fue una decisión de su madre, en Tomás ya se asoma el joven espíritu emprendedor. Aún no terminó la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires, no obstante, ya tiene en su haber un par de negocios propios. Pero este rincón porteño de Barracas lo sigue cautivando todos los días.

¿Cómo recuerdan la primera etapa del negocio?

Compartimos tres meses con los antiguos dueños, tres españoles a quienes les pedimos que nos fueran enseñando un poco de este mundo. El restaurante estaba muy venido abajo así que durante tres o cuatro meses estuvimos refaccionándolo. Lo dejamos lo más parecido a antes, manteniendo –dentro de lo posible- los pisos y los techos originales. Siempre fue un símbolo del barrio, pero desde la crisis de 2001 había perdido como esa esencia. El barrio también quedó un poco olvidado. Se podría decir que esta zona es la menos prestigiosa ya que está rodeada de fábricas. Entonces, de alguna manera, también intentamos recuperar esa pertenencia. Aún nos faltan millones de cosas por aprender pero lo vamos haciendo en el acto, día a día.

¿Cómo es montar una empresa familiar?

Como cualquier emprendimiento que uno empieza, al principio es una suerte de autoempleo. Todos éramos mozos, todos ayudábamos en lo que podíamos. Mi hermano mayor era el encargado de los números, el otro se ocupaba de los vinos y yo de los eventos. Mi hermana menor todavía estaba en el colegio. Todo se fue dando naturalmente y cada uno fue haciendo de manera espontánea aquella actividad con la que se sentía más cómodo. Trajimos a la cocinera de nuestra casa, a quien conocemos de toda la vida y básicamente pusimos un restaurante con la comida que comimos desde siempre. El plato más conocido son los ñoquis rellenos de jamón y queso, que es lo que yo almorzaba todos los sábados en mi casa. La moza es la señora que en casa nos daba una mano con la limpieza. De alguna manera, trajimos nuestra casa acá.

¿Cuál es la filosofía de la Flor de Barracas?

Es un lugar para sentirse como en casa, en donde atienden los propios dueños y todo es muy casero. Es la esencia del lugar y lo mantenemos como una casa. Lo encaramos pensando que es para todos los argentinos, no sólo para nosotros, sino para que la gente lo sienta y se sienta como parte del patrimonio de este país.

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1 comentarios
Fabian Cabrera · Hace 43 meses

Muy buena nota Lucy y rescatar estas historias es muy valorable cuando tantos lugares así se están perdiendo. Esto debe ser un ejemplo para no perder nuestro verdadero patrimonio cultural, el barrio y sus lugares con historia. Fabián cabrera - Periodista y cantautor mendocino