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31 de marzo 2017

¿Cómo comunicar el Código de Ética?

Para que la implementación de un código de ética resulte eficaz, es fundamental que trabajes en su conocimiento y difusión. Además de aprovechar los canales de comunicación establecidos, crea espacios para su debate y actualización.
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El código de ética La difusión del código es clave para su efectividad y demanda una reflexión frecuente de una empresa es un documento que reúne de forma sistematizada el conjunto de valores sobre los que se sostiene el accionar de la organización y que marca una guía de conducta.

Internamente, enmarca la actuación de los colaboradores, fomenta la imparcialidad y legitima las sanciones acarreadas por sus violaciones. Externamente, mejora la confianza de los inversores, atrae personal calificado al tiempo que mejora la imagen corporativa y minimiza riesgos. En simples términos, agrega valor.

Es crucial que la Dirección de la pyme aluda frecuentemente a él y sea ella quien, en primera instancia, lo comunique. Y como siempre, predicar con el ejemplo. El código es una herramienta gerencial de uso cotidiano. Si los ejecutivos de alto nivel actúan de acuerdo a él y hacen que se cumpla, es factible que todos los empleados se empapen de las normas establecidas en él y éste se convierta en una reflexión viva y en un modo de cultura corporativa.

Su lenguaje ha de ser accesible para todos. Un sintético y claro código, frecuentemente actualizado, mantendrá el interés de todo el equipo y permanecerá vivo. Deberá estar disponible en todos los canales de comunicación institucionales de la empresa y formar parte del curso de inducción cuando ingresa un nuevo colaborador.

Algunas instituciones utilizan, bajo el marco de programas de orientación ética, "cafés íntegros" o "desayunos éticos" como instancias periódicas para supervisar la aplicabilidad del código y verificar si es preciso introducir cambios a la luz de la experiencia.

El código de ética orienta pero no evita la incertidumbre, pues no puede dar respuesta a todas las situaciones. Se apela a la adopción de soluciones consistentes con las anteriores y con la cultura de la empresa. Por tanto, conviene aprovechar la experiencia acumulada y crear la cultura de integridad de la organización. Al no haber soluciones de laboratorio, ante la aparición de nuevos problemas se debe llevar a cabo un análisis basado en la prudencia y sustentado en los principios contemplados en él.

Es particularmente importante que el decálogo ético sea objeto de estudio y de reflexión precisamente en los periodos de dificultad de la empresa o de su entorno, en vez de utilizar las dificultades como excusa para mitigar sus observaciones. Su éxito a largo plazo se deberá a su frecuente reflexión.

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