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04 de julio 2017

Cabrales: abran paso, llegan los bisnietos

Cabrales: abran paso, llegan los bisnietos
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La productora de café fundada por Antonio Cabrales cumplió 75 años con nuevos lanzamientos, locales y mercados externos.

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Es difícil La portación de apellido crea más obligaciones que ventajas. Exige estar doblemente capacitado y comprometido no asociar la palabra Cabrales con el aroma de una buena taza de café. La marca ya tiene más de 75 años en el mercado y se convirtió en un clásico. Así lo entendió el jurado de los Premios PYME, cuando le otorgó el Premio a la Trayectoria. Subieron a recibirlo los hermanos Martín y Marcos Cabrales, quienes junto a su hermano Germán dirigen la empresa desde 2005. Son la tercera generación de la firma.

"Nosotros siempre mantuvimos la calidad de nuestros productos. Hemos desarrollado distintos blends, porque uno siempre quiere ser innovador, siempre queremos tratar de superarnos. Sabemos que somos una empresa con personalidad, porque cuando uno toma un café Cabrales sabe qué está tomando", dijo Martín.

En 1941, Antonio Cabrales Vega hacía unos años que había llegado de su Asturias natal cuando fundó un local en Mar del Plata que llamó La Planta de Café, donde vendía tanto el café en grano como el molido. En 1961, le sumó la venta de café torrado, envasado de manera manual y sellado al calor. Todavía seguía llamándose La Planta de Café. Pero ya contaba con el tradicional paquete dorado, con el logo de una cafetera y un pocillo de café.

Hacia 1965 el emprendimiento se acercaba a las bodas de plata y Cabrales compró un terreno en la calle Talcahuano al 600, en Mar Del Plata, para instalar un depósito con una máquina para torrar café. Después sumó la comercialización del té en hebras y en saquitos.

Durante la década del 70, se incorporó la segunda generación de la familia, los hermanos Antonio Néstor, Jorge Fernando y José Manuel Cabrales, quienes hicieron crecer la compañía incorporando sus productos en restaurantes y confiterías de moda de Buenos Aires. También, compraron un lote cercano a un local que ya tenían sobre la calle Rivadavia, donde levantaron un edificio de ocho pisos y dos subsuelos.

"La portación de apellido crea obligaciones más que ventajas. Porque uno tiene que estar doblemente preparado, doblemente capacitado y comprometido", agregó Martín.

En los años 80, Cabrales fue adquiriendo varios terrenos que hoy en día constituyen la Planta Ayolas, en Mar del Plata. Pero tuvieron que esperar casi a fin de la década para inaugurar las oficinas y depósitos comerciales en Buenos Aires.

Los 90 fueron una época de expansión para la empresa, que inauguró nuevas instalaciones en el Parque Industrial General Savio. Fue en esa década que comenzaron a exportar. También inauguraron el Espacio de Arte Richard Hall y, en 1998, obtuvieron las certificaciones de calidad ISO 9001 y Sistema HACCP.

Una década después, con la tercera generación de la familia en la gerencia, en abril de 2009 abrieron el primer local de ventas en el barrio porteño de Recoleta, donde además se sumaron productos importados y delicatessen. En 2010, se asociaron a La Serenísima y desarrollaron una línea de productos listos para tomar. Hoy, Cabrales también tiene presencia en Chile, Uruguay y Paraguay.

Martín Cabrales cuenta que el slogan de la empresa es "75 años es un buen principio". Y que para ellos el premio es un estímulo. "Cuando nos avisaron que nos iban a proponer como reconocimiento a la trayectoria, aceptamos porque es una empresa que está invirtiendo hace mucho tiempo", dice. "Si bien todavía está muy vigente la tercera generación, estamos muy enfocados en que las generaciones siguientes puedan seguir con la compañía", concluye.

Fuente original: Suplemento Especial, Clarín.

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