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De la microempresa al negocio consolidado

Aun cuando un emprendimiento logra superar los obstáculos de sus primeros años de vida, resulta difícil pegar el salto hacia una empresa de grandes dimensiones. Algunos lo logran... ¿Cómo lo hacen? ¿Cuáles son las etapas hacia una empresa exitosa?
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Crecer desde un comienzo modesto no es sencillo. La mayoría de los emprendimientos no supera los primeros dos años de vida, y aun si lo hace, la permanencia en el tiempo no implica necesariamente el crecimiento y la consolidación.

La tasa de mortalidad es mayor entre los proyectos pequeños, con escaso financiamiento, falta de recursos humanos calificados y pocas herramientas de gestión.

Sin embargo, algunas empresas arrancan precariamente, como almacenes, cafés de barrio, pequeñas tiendas de ropa o “empresitas” de servicio, para luego ir encontrando un camino de desarrollo que, por lo general sigue estos pasos:

  • La puesta en marcha. El arranque de un pequeño negocio suele darse sin demasiada planificación, por necesidad o por la detección de una oportunidad. En algunos casos, este comienzo es informal, paralelo a otras actividades y sin perspectivas de largo plazo.
  • El ajuste al mercado y la supervivencia. Con el negocio ya en funcionamiento, se conoce mejor las necesidades de los clientes y se produce una adecuación que permita la subsistencia. El sistema de “prueba y error” va capacitando a los emprendedores. Por lo general, algunos clientes regulares permiten que el emprendimiento se mantenga en actividad, con altibajos producto de las crisis y los buenos momentos del mercado. Esta etapa puede durar algunos meses o muchos años. La mayoría de los nuevos emprendimientos no logra sobrevivir más allá de los primeros años, pero algunos se profesionalizan y despegan.
  • La detección de nuevas oportunidades y el salto de crecimiento. Algunos negocios perduran hasta que la oportunidad llega a su fin, en muchos casos, significando una decadencia lenta hasta el cierre definitivo. Esto puede ocurrir por el ingreso de nuevos competidores, la salida del emprendedor o la obsolescencia del producto o servicios. Sin embargo, en otros casos los emprendedores se apoyan en el negocio de base para seguir creciendo, pegando un salto cualitativo. Este salto puede implicar una reinvención total, con cambios en el tipo de producto, los clientes o hasta el concepto mismo del negocio. Así, empresas argentinas como Cardón, Havanna o Caro Cuore dejaron de ser pequeñas y locales para convertirse en jugadores importantes en sus mercados.
  • La profesionalización. Cuando la empresa pega el gran salto de crecimiento, surgen nuevos desafíos y complejidades que, por lo general, ya no pueden manejarse exclusivamente con el grupo fundador o su familia. Así, la consolidación viene siempre de la mano de la incorporación de profesionales en todos los ámbitos, y de la estructuración de la empresa para poder sostenerse en el nuevo escalón competitivo. Microsoft o Starbucks son algunas de las empresas internacionales que comenzaron pequeñas y lograron crecer. En la Argentina, casos como Los Grobo o Arcor muestran que también es posible comenzar localmente y expandirse hasta ser una empresa internacional.

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