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30 de julio 2013

Amigas de los sabores

A pesar de sus temores, Cecilia y Mercedes se animaron a emprender y crearon Quinto Zalla, una marca de productos gourmet bajo la premisa de llevar alimentos más sanos a la mesa.
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La vida de las amigas Cecilia Elortondo y Mercedes Iribarne se cruzaron al terminar el secundario. El encuentro fue en la UCA, tras la elección de una carrera poco convencional aunque en crecimiento, Tecnicatura en Alimentos. Cuatro años después, las graduadas se encontraron con que "soñar en grande" era volcar todo el esfuerzo en ingresar a una compañía de consumo masivo. Lo probaron por unos años, hasta que descubrieron que había nichos para explorar.

"Era 2007, teníamos 26 años, yo estaba trabajando en Quilmes y Mechi había renunciado a su puesto en INTA porque quería hacer algo por su cuenta. No estábamos contentas, y cada vez que hablábamos por teléfono o tomábamos el té, me contaba su proyecto y yo le daba mi opinión, mientras fantaseaba con tener algo propio. Hasta que me dijo por qué no lo hacemos juntas. Dudé mucho porque había variables pesadas en juego: asociarse con un amigo, el riesgo de dejar mi trabajo y los beneficios que implica un empleo fijo. Era una decisión de vida, pero me animé", cuenta Cecilia.

En julio de 2008, lanzaron Quinto Zalla, una marca de productos gourmet para aderezar las comidas, que son naturales, sin aditivos ni conservantes: "Tenemos cuatro líneas: blends para marinar, mix de verduras y especias para armar salsas con queso crema o mayonesa, dulces y mix de especias del mundo. Todo sin sal, ni grasas o conservantes, colorantes y aromas artificiales. Pensamos en las mesas de familias, amigos y novios, queríamos hacerles llegar opciones sanas para condimentar", explica.

Redireccionar la estrategia

Lo primero fue desarrollar la marca, Quinto Zalla, inspirada en la idea de que ambas son la quinta generación de inmigrantes del País Vasco, donde hay un pequeño pueblito llamado Zalla. Buscaron una identidad clara, con especial foco en el diseño del packaging porque el público al que apuntaban era el de los sibaritas. "Al principio, nos dirigíamos al mercado más gourmet. Después nos dimos cuenta de que también hay gente que quiere cocinar y hacerse unas pastas rápidas, pero con una salsa original; un público al que le divierte hacer cosas nuevas y lo quiere resolver rápido". Entonces, ampliaron su target a personas para quienes cocinar es un placer.

Armaron un plan de negocios inicial que fracasó: "Lo que pusimos que íbamos a vender era un delirio, pero nos sirvió para calcular los márgenes. Estimar no es fácil ni para los mejores gerentes". Empezaron con una inversión de $ 40.000, alquilaron una oficina en Villa Urquiza y consiguieron los talleres que cumplen con las normas de bromatología y calidad que necesitaban: "Desarrollamos los productos, pero tercerizamos la fabricación a una planta en Lugano y a otra en San Fernando. Vamos seguido, revisamos el proceso y testeamos todo. Estamos muy involucradas", apunta la emprendedora.

De la fábrica, los productos gourmet viajan por el canal comercial a través de cinco distribuidores en todo el país que le venden a locales pequeños: "Salimos de los supermercados porque no podíamos aumentar los precios y no era rentable. Además, el producto necesitaba una venta más asistida".

Así, fortalecieron la capacitación a los distribuidores e ingresaron al sector delicatesen de Falabella, a la cadena Natural Deli y a los free shops del sur del país. Además, probaron con en el e-commerce, que les resulta un método práctico ya que muchas veces son ellas quienes realizan la entrega: "Al principio, nos daba vergüenza mostrar que era una empresa tan chica, pero lo adoptamos como un diferencial para explotar. A veces nos hacen un pedido online y lo llevo yo, no pido un flete si es cerca. Creo que es un valor que los dueños estén detrás de todo, que haya una cara con nombre y apellido que se ocupe de lo que le das de comer a tu familia. Y la gente responde muy bien a eso, nos llaman y nos cuentan cómo utilizaron el producto", concluye Cecilia.

En 3 preguntas

  • ¿Qué inspiró el proyecto?

Cuando estudiás los alimentos, te encontrás con un montón de productos que no te gustaría que tu hijo o tu sobrino coma, ingredientes en los que tenés diferencias con la industria, como conservantes que están cuestionados. Hay mucho que se tapa y no se investiga a fondo.

  • ¿Cuáles son las claves para trabajar con una amiga?

Es importante que haya división de tareas y que esté hecha en función de lo que más le gusta a cada una y lo que le resulta más fácil. Las dos estamos al tanto de todo, pero cada una tiene su función. También, al estar todo el día juntas, es clave mantener las formas y el respeto. Tratamos de mantener la amistad sobre los temas laborales, discutir las cosas pero nunca a un nivel crítico o de pelea.

  • ¿A qué desafíos se enfrenta un emprendedor en la Argentina?
Hay paros de los camiones que llevan los productos, una inflación que te come y muchos riesgos. Todo eso desgasta. El desafío es mantener el crecimiento y no desmoralizarnos ni preocuparnos de más. Argentina da oportunidades. Es interesante hablar con otros emprendedores del rubro y compartir experiencias. Los talleres y cursos de emprendedores, como los del Gobierno de la Ciudad o el de la Universidad de San Andrés son un excelente lugar para relacionarse, y te dan herramientas para avanzar.

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2 comentarios
Silvia Berlin · Hace 39 meses

Son muy buenos los productos recomiendo probarlos ,sanos y muy sabrosos Es una empresa con gran futuro!!!

Yaquelin Furtado · Hace 39 meses

Conosco a Cecilia y Mercedes son exelentes personas y sobre todo grande soñadoras , y tienen un gran futuro trabajan con mucho entuciasmo y le ponen mucho amor y esfuerzo en su sueño y creo que les espera una gran cosecha de su arduo trabajo.