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26 de noviembre 2013

Boxeway: logística 2.0

Paul Waller, fundador de Boxeway, comparte cómo empezó un proyecto que se propone revolucionar la logística en las ciudades.
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"Ver que no existía en ningún lugar del mundo "Este es un proyecto extraño, poco ortodoxo, primero nació la idea e inmediatamente después el producto en su primera versión."una plataforma de estas características nos motivó a emprender. Boxeway es revolucionario; tiene el poder de cambiar nuestras rutinas, la forma en que vivimos". Con esas palabras Paul Waller resume su aventura.

Boxeway es una plataforma pública de logística urbana; una red de estaciones de gabinetes conectados a la nube e instalados en centros comerciales, supermercados, instituciones y empresas que facilita que las personas intercambien, guarden, reciban y entreguen cosas en forma segura y personalizada.

El crecimiento de las operaciones de e-commerce durante los últimos años generó una fuerte demanda de soluciones logísticas que resolvieran en forma eficiente el envío y la entrega de productos a los consumidores. Así, nació un nuevo método: un operador logístico entregar una encomienda en un locker instalado en un lugar público para que el cliente lo retire con un código cuándo y dónde le resulte más conveniente.

Como diferencial a servicios que ya se ofrecen en Europa y Estados Unidos, Boxeaway es una plataforma orientada al usuario; cualquier persona se puede registrar en Internet y empezar a usarla para recibir sus compras electrónicas, dejar la ropa a lavar o dejarle las llaves de su casa a alguien. "Alguien te deja algo en cualquier lugar de la ciudad. El sistema te notifica. Vas y retiras. Sencillo", sintetiza Waller el espíritu de Boxeaway.

La idea surgió buscando resolver la logística para una empresa de lavarropas que operaba en edificios residenciales. Dada la capilaridad y viralidad que exige el proyecto, el mayor desafío fue encontrar tecnologías para lidiar con los requerimientos arquitectónicos de la plataforma.

Aunque Paul no concibe Boxeway como una empresa familiar, reconoce que el emprendimiento surgió gracias al apoyo y acompañamiento de sus hermanos, su mujer y sus hijos. "Desde hace tres años que en mi casa no escuchan hablar de otra cosa que no sea Boxeway. De alguna manera, todos se han terminado involucrando con el proyecto si bien mi hijo Kevin, estudiante de Diseño Industrial, es el único que está hoy trabajando en la empresa".

Paul señala que un proyecto como este "nace como una idea, que es casi una fantasía lejana, y se incuba durante años" y en el camino se mezclan permanentemente la frustración y la ilusión. Hoy, Boxeway cuenta con un equipo de seis personas que aportan su tiempo, conocimiento, esfuerzo y valor, y esperan incorporar seis más para marzo del año que viene.

"Este es un proyecto extraño, poco ortodoxo; primero nació la idea e inmediatamente después el producto en su primera versión. De hecho tuvimos el primer prototipo en 2011. Esto nos permitió probar conceptos, jugar e imaginar diferentes modos de utilizarlo. El mayor obstáculo fue desarrollar un prototipo apto para ser producido en serie en el país. Lo resolvimos involucrando la menor cantidad posible de componentes importados en el desarrollo de nuestro producto. Hoy tenemos elaborado un plan de negocios que explota toda esta experiencia y conocimiento previo de cara al futuro", concluye Waller.

En 3 preguntas

  • ¿Cómo planean el crecimiento de la empresa? Boxeway es un proyecto internacional basado en un esquema de licencias regionales. El objetivo primario es desarrollar Latinoamérica, utilizando la Argentina como modelo de negocios.
  • ¿Qué consejo le darías a alguien que quiere emprender? Que acepte vivir con la incertidumbre. Si ese no es su perfil, que desista del emprendimiento o que busque un socio que sepa hacerlo.
  • Una anécdota que quieran compartir... Varios meses después de haber construido nuestro primer prototipo decidimos alquilar oficinas comerciales donde poder instalarlo y realizar las primeras presentaciones de producto. Alquilamos un fantástico quinto piso en Fitz Roy y Costa Rica, lo amueblamos y refaccionamos y cuando estuvo todo listo... llevamos nuestra invención. Y al llegar a la entrada del edificio nos dimos cuenta de que no entraba ni en el ascensor ni por las escaleras ni por las ventanas... ¡Tuvimos que cortarlo con una sierra y subirlo en pedacitos!


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