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La hora de la complementariedad

Lejos de la batalla hombres vs. mujeres, hoy se habla de lo que cada uno puede aportar al mundo laboral. Una nueva mirada que, más que oponer, integra las particularidades.
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La incorporación masiva de la mujer al "La complementariedad lleva a que juntos, varón y mujer, lleguen a las mejores decisiones"mundo laboral ha modificado el ámbito del trabajo y se fueron dando los cambios necesarios para poder llegar a plantear no sólo la igualdad entre varón y mujer sino también la complementariedad entre ellos.

Es un hecho que los hombres y las mujeres tienen características positivas propias, se desempeñan, se comunican y resuelven los problemas de manera diferente. Tanto el hombre como la mujer tienen sus puntos distintivos para sumar al trabajo; homologarlos sería hacer un reduccionismo de la naturaleza femenina y masculina. No se presenta esta cuestión como una disputa de quién es más o quién es menos: se trata de dar algunas claves para ayudar a que se complementen con las competencias de unas y de otros.Estoes lo que llevará a un mejor entendimiento entre ellos y a una más profunda comprensión de la distinta forma de ver y de afrontar los desafíos del trabajo.

Esta complementariedad no implica:

  • Una negación de uno para afirmar al otro.
  • Una lucha de contrariosni de una contienda entre ellos.
  • Que vivan en dos mundos distintos, aunque vean el mundo de diferente manera.

La complementariedad significa:

  • Que el varón y la mujer conviven y colaboran en la misma realidad.
  • Que la plenitud de lo humano no la realiza ni ella ni él por separado sino la unión de ambos configura lo plenamente humano.
  • Que lo humano no es ni femenino ni masculino sino que se necesita de la ayuda mutua de los dos.

Las diferencias entre varón y mujer tienen una característica importante: son también complementarias. Así, por ejemplo, lo característico de lo femenino es un mayor dominio del conocimiento experimental sobre el abstracto, y propio de lo masculino es lo contrario. Esto le permite al varón tener mayor capacidad para decidir y dominar las cosas y para manejar ideas abstractas. A la mujer, en cambio, le resulta más fácil el trato con las personas y tiene una visión de lo concreto y de los detalles. Se puede afirmar que los hombres tienden a ser más racionalistas y las mujeres más realistas.

Es precisamente esta complementariedad la que lleva a que juntos, varón y mujer, solidariamente lleguen a las mejores decisiones, porque cada uno saca lo mejor de sí unido al otro. De aquí se deriva una consecuencia: la complementariedad entre ambos es dinámica. Si la racionalidad del varón y la visión realista de la mujer fueran perfectas y completas no necesitaría uno del otro. Sin embargo, es precisamente en esta mutua complementariedad donde uno puede ayudar al otro a ser mejor. Así, por ejemplo, la mujer puede quedar demasiado pegada a los afectos y a sus vivencias, corriendo el riesgo de que su conocimiento experimental la lleve a anclarse demasiado en él. Será precisamente el varón quien la ayude a dar un paso y decidirse a encaminar esos sentimientos en una decisión razonable. Del mismo modo, puede decirse que un varón, al no estar tan ligado a los detalles, le falta intuición, tiende a centrarse en unos aspectos de la decisión e ignorar otros. El simplificar la realidad lo lleva a razonar más rápidamente y a actuar con decisión. Será, en este caso, la mujer la que lo ayude a evaluar todas las alternativas para que no actúe de manera equivocada por no contemplar toda la realidad.

Ha llegado la hora de la complementariedad y descubrir que es esencial, necesaria y enriquecedora tanto para el varón como para la mujer. Entender este cambio de paradigma con el consiguiente cambio cultural llevará tiempo, pero cuanto antes se comience a transitar por este nuevo camino, más pronto varón y mujer disfrutarán sus logros.

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