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17 de septiembre 2012

Una apuesta por lo local

Con el deseo de abrirse un camino independiente y de ofrecer productos artesanales, dos emprendedores crearon Elementos argentinos, una empresa dedicada a la venta de alfombras y mantas tejidas. Hoy trabajan con más de 120 tejedores de todo el país.
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Ingresar en el local de la calle Gurruchaga al 1800, en pleno corazón palermitano, es entrar en una atmósfera de calidez y colores vibrantes. Allí se encuentra Elementos argentinos, una empresa en pleno desarrollo dedicada a la producción y comercialización de alfombras y mantas hechas en telar, cien por ciento argentinas. Cada pieza desarrollada combina la tradición del telar con diseños contemporáneos y es única.

Pablo Mendívil y Fernando Bach son el corazón de este emprendimiento que comenzó a gestarse en 2005 y que se fue desarrollando de a poco pero con pasos firmes. En ese momento, Fernando -con una carrera en hotelería floreciente- estaba atravesando un proceso de cambio personal en el que la veta creativa comenzó a abrirse camino. De origen tucumano, creció rodeado de mantas, colchas y alfombras autóctonas. Pablo, por su parte, era productor de Films&Arts para Latinoamérica y, como diseñador, su pasión por lo estético también estaba latente.

Fue en uno de los tantos viajes por el país que hicieron con un grupo de amigos en donde encontraron cómo canalizar su deseo emprendedor. En unas vacaciones de 2006, en Tafí del Valle, Tucumán, conocieron a un grupo de tejedores, quienes vendían muy bien en la temporada turística pero que en el resto del año no lograban vender nada. "De este primer encuentro, nos trajimos varios productos, pero no sabíamos qué grado de aceptación iban a tener", cuentan. Para su sorpresa, la feria resultó un éxito y, en este hecho, parece estar la piedra fundacional de Elementos argentinos, proyecto que se iría consolidando con el paso del tiempo.

Hacer los deberes

Lo primero que hicieron fue investigar qué opciones de tejidos hechos a mano había en el mercado y cuáles eran los precios, e hicieron un exhaustivo análisis FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas). Muy decididos a conocer en profundidad el negocio, se capacitaron en todos los aspectos: estudiaron cómo se tejía en telar, realizaron cursos de arte textil, de teñido con tintes naturales y el curso para emprendedores que ofrece el Centro Metropolitano de Diseño (CMD). "La idea era saber de qué estábamos hablando", recuerda Fernando. Ya para ese entonces, el living de su casa se había transformado en un showroom en donde vendían las primeras artesanías. Al principio, Pablo mantuvo su trabajo y, cuando las ventas se afianzaron y se necesitó dedicarle más tiempo al emprendimiento, se animó a dar el salto.

En 2007, luego de largos viajes por todo el país buscando tejedores y con la red de producción armada, alquilaron su primer espacio en Palermo: la parte de adelante funcionaba como espacio de exhibición y, atrás, vivía Fernando, quien vendió su auto para contar con la plata para comprar mercadería y pagar el alquiler. Recién en 2011 lograron volver a comprar un vehículo.

Cada paso de crecimiento que fueron dando lo hicieron sobre la base de la facturación. Nunca quisieron ir más allá de lo que podían. Hoy, recuerdan que en el CMD les habían dicho que el 80 por ciento de los emprendimientos no supera los 24 meses. Esta información los marcó a fuego y, por eso, siempre tuvieron un control y una organización muy meticulosa de los costos.

Si bien reconocen que el factor suerte es importante, no dejaron nada librado al azar. Incluso hicieron una investigación casera a la hora de buscar el local actual: "Nos parábamos en diferentes esquinas de Palermo para ver cuanta gente pasaba. Advertimos, así, que hay veredas que funcionan y otras que no."

"Hacer bien los deberes" es su regla de oro. "Lleva su tiempo, pero, una vez que tenés hecho tu plan de negocio, después lo vas actualizando con el tiempo y te sirve siempre", señala Fernando. La revisión anual del plan los llevó, en un momento dado, a pensar darle otra vuelta al negocio. De esta manera, ofrecen-además de los típicos diseños del norte- alfombras a medida. Esto resultó todo un desafío dado que tuvieron que unificar la paleta de colores entre todos los tejedores para que pudieran lograr el color exacto que pide el cliente (todas las alfombras están hechas con tintes naturales o pigmentos minerales).

Ser emprendedor

Tanto Pablo como Fernando, por sus trabajos anteriores, tenían experiencia en el manejo de personas y en dirigir un negocio. Sin embargo, reconocen que el rol de emprendedor es totalmente distinto: "Cuando sos emprendedor tenés que desde barrer la vereda hasta ir a pagar las facturas y atender a un cliente". A medida que se afianza el negocio es importante dividir las tareas, armar un buen equipo y saber delegar, concuerdan los dos. "En cuanto hay algo de capital hay que buscar asesoramiento en otros. No hay que querer ser diseñador web y contador", sostiene Pablo.

Ambos reconocen que el comienzo no es nada fácil. "No ves un mango y son todos problemas". Por eso, alientan a hablar con otros emprendedores para sacarse dudas y compartir experiencias. "Nosotros le quemamos la cabeza a un montón de gente haciéndole preguntas", se ríe Pablo. Pero aseguran que es un camino que tiene muchas gratificaciones.

El ADN

Una de las ventajas competitivas de Elementos argentinos es ofrecer productos de muy buena calidad a un precio razonable. Este objetivo se lo plantearon desde el principio y lo logran con un bajo margen de ganancia. "Tratamos siempre de vender al menor costo posible", enfatizan. Además, decidieron seguir y aplicar los lineamientos del "comercio justo". Así, por ejemplo, está prohibido el trabajo infantil, pagan por adelantado a sus artesanos y cada uno de ellos fija su propio precio dependiendo de sus costos. "Cuando hicimos el análisis FODA, una de nuestras oportunidades era el público extranjero, que tiene una sensibilidad distinta por lo natural, lo autóctono, y que le da mucha importancia al comercio justo", cuentan los emprendedores. Hoy, el 50 por ciento de sus clientes son extranjeros.

Pablo y Fernando están a disposición de cada cliente que entra y le transmiten toda su pasión a la hora de hablar de sus productos, que abarcan también almohadones, tapices y objetos de decoración. Todo está pensado para dar lo mejor. De este modo, por ejemplo, si un extranjero necesita una recomendación para almorzar o cenar ellos se la brindan y también se ocupan de hacerle una reserva. En cada uno de sus actos se nota la calidez con la que llevan adelante su empresa. Y este trato no es solo con el cliente, sino también con sus proveedores a quienes visitan personalmente, al menos, una vez al año.

Por sus venas corre la innovación, el buscar nuevos desafíos y la creación. Actualmente, están trabajando en un nuevo proyecto del que aún no dan detalles, pero que seguramente será tan cuidadoso y exitoso como lo es Elementos argentinos.

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1 comentarios
Federico Carrera · Hace 48 meses

Excelente! Un ejemplo de como aprovechar los recursos y agregar valor en la cadena!