Contexto

¿Por qué cierran las pymes?

¿Por qué cierran las pymes?

Ante esta pregunta, la mayoría responde que la principal causa de cierre de las pymes está relacionada con el contexto y con la macroeconomía y la política. Sin embargo, la respuesta en este artículo los va a sorprender.

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La mayoría de la gente cree que la principal causa de muerte de las pymes es el contexto (con la macroeconomía y la política a la cabeza).

Por eso suelen sorprenderse ante la realidad: 7 de cada 10 empresas que cierran sus puertas lo hacen por problemas internos relacionados con la mala gestión y una toma de decisiones equivocadas.

No desconocemos o decimos que el contexto o ecosistema de negocios no tiene un impacto importante en el resultado, pero la realidad es que en países como la Argentina ese entorno ya es naturalmente complicado, y las empresas ya desarrollaron sistemas de defensa o adaptación. De hecho, empresa que nace y logra sobrevivir a los primeros años ya tiene anticuerpos para vivir mucho tiempo.

Ahora bien, ¿cuáles son esos problemas internos que hacen que las empresas mueran?

El libro ADNPYME (Editorial Set, 2018) describe más de 20 problemáticas que, de no resolverse, llevan inequívocamente al fracaso. En muchos casos, estas grietas quedan más expuestas en momentos de recesión o profundización de alguna crisis, por lo que muchos se engañan o excusan en esto al no poder reconocer sus falencias o debilidades.

Para respaldar este artículo, entrevistamos a más de 100 empresarios pymes de diferentes rubros y regiones con una pregunta muy simple: ¿cuál identificaría que es el principal motivo de muerte de las pymes argentinas por fuera de la economía o política?

El resultado requiere una aclaración importante. Solo el 18% indicó que el crecimiento es el principal problema o causa de muerte, cuando en realidad es el principal en términos estadísticos. Los otros tres problemas se dan, en general, precisamente por no poder administrar el crecimiento en las organizaciones. Las empresas pymes ponen foco en crecer, sobre todo en ventas, y no se dan cuenta de que ese crecimiento no es lineal y, sobre todo, que ese crecimiento siempre está acompañado de un gran incremento en la complejidad. No es lo mismo vender 10 o 15 unidades que 100, en términos de lo que la empresa debe desarrollar para administrar ese crecimiento.

Durante años, el empresariado argentino logró crecer y desarrollarse básicamente utilizando dos grandes habilidades. Por un lado, un gran esfuerzo y sacrificio; por otro, mucho sentido común. Así tenemos cientos de ejemplo de empresarios que sin siquiera tener el secundario o carrera universitaria terminados pudieron emprender y hacer crecer su organización. Algo así como el sueño americano, pero argentino.

Empresa que nace y logra sobrevivir a los primeros años ya tiene anticuerpos para vivir mucho tiempo.

Los tiempos cambiaron y con ello también lo hizo el mercado, que ahora es mucho más competitivo y complejo. Hoy ya no alcanza con sentido común y voluntad de trabajo, se requiere profesionalismo, sobre todo cuando la empresa va creciendo.

Podríamos construir una analogía con lo que sucede cuando una persona aprende a conducir. Al principio solo se necesita un buen profesor y práctica para salir a la calle. Mientras manejemos despacio y con atención, podremos avanzar sin problema. Pero si, de repente, decidiéramos conducir más rápido y en una ruta muy cargada de tránsito, el riesgo de un accidente se incrementa.

Algo así pasa con una empresa. Al principio parece simple y podemos dominar todo. A medida que crecemos, hay que incorporar más colaboradores y estos ya no hacen las cosas como nosotros, no cuidan el negocio como nos gustaría. Por otro lado, lo que parecía matemática, ahora se transforma en finanzas, y es mucho más complejo. Aparecen competidores y ya no nos alcanza con vender a conocidos; es necesario contar con una estrategia de negocios que supera por mucho el solo hecho de atender bien.

Una de las principales y más dolorosas consecuencias de no poder administrar la complejidad es que ese emprendedor, ahora empresario, empieza a no disfrutar de su negocio. Se siente preso de su realidad y la frustración se vuelve el sentimiento más frecuente. Y así es sencillo caer en el camino que conduce al cierre de pymes.

Pero no es un camino inevitable. En el siguiente artículo, te contamos cómo evitar los problemas derivados de esta situación, y prepararse para un crecimiento sostenido y sustentable.

20 de agosto 2019

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