Motivación

¿Motivar o entusiasmar a tu equipo?

¿Motivar o entusiasmar a tu equipo?
Solemos usarlos como sinónimos, pero no son lo mismo. En qué se diferencian estos dos conceptos y cuál es el mejor camino para construir equipos de trabajo eficaces.
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En una época en la que lo sencillo se ha vuelto sofisticado y el detalle un diferencial, el correcto uso de algunos términos debe ser parte de nuestros hábitos. Por eso, entiendo oportuno poder diferenciar dos palabras que muchas veces se utilizan como sinónimos y poseen una gran diferencia: motivación y entusiasmo. Sí, soy bastante detallista cuando trabajo con temas relacionados a equipos en las organizaciones.

En los últimos años, uno de los asuntos más solicitados en el mundo de la consultoría pyme es el liderazgo y gestión de equipos. Aplaudo la iniciativa de dueños y jefes por querer practicar nuevas técnicas y así lograr un mejor día a día. No obstante, noto en muchas conversaciones y entrevistas la utilización de las palabras motivación y entusiasmo como sinónimos. Y si me pongo un poco más exquisito, la segunda ni aparece. Mi objetivo no es diferenciarlas al hablar, pero sí entender sus significados para poder practicarlos y pensar desde dos ópticas diferentes.

¿La diferencia? La motivación posee su fuente de inspiración en su exterior, es decir, logra sus resultados a partir de la seducción de una “zanahoria” externa, un señuelo. Persigue objetivos tales como premios, bonos y comisiones al cumplir resultados preestablecidos. El inconveniente se genera cuando estos no están o pierden sentido; el envión al logro desaparece.

En cambio, si hacemos referencia al entusiasmo, hablamos de tener convicción interna. Creer en lo que se hace. Entender el “para qué” de tu trabajo y perseguir algo más que un premio externo. Mantener la llama encendida. ¿La camiseta puesta? No, ¡tampoco para tanto! Eso ya es muy difícil de encontrar. Hablo de realmente entender las consecuencias de mi trabajo y, por tal motivo, no detenerme hasta lograrlo. Y por si no termina de quedar claro, para cerrar la idea, me voy a poner un poco cursi: sentir mariposas en la panza al pensar un objetivo.

Para que el entusiasmo se convierta en resultado, es trascendental el grado de actitud y acción de su ejecutor.

Si él lo dice… (quizás le prestes más atención)

Según el académico Tim Kastelle, el problema es que resulta mucho más fácil ofrecer una recompensa de 10.000 dólares a la mejor idea que armar un esquema de trabajo en el cual la gente maximice su autonomía, su dominio de habilidades y su propósito. Por eso la pregunta que un líder debe hacerse es: ¿cómo debería actuar si todas las personas que me reportan fueran voluntarios y no trabajaran por su sueldo?

¿Cómo lograrlo?

Recomiendo comenzar a trabajar en los siguientes 7 puntos:

  • Punto de partida: generar un organigrama real. Comunicar el nombre de cada puesto, sus objetivos y responsabilidades.
  • Instancia de “feedback”: invitar y generar el espacio para que los recursos logren manifestar sus críticas y sugerencias de mejora. Siempre, fundamental, manifestar si se llevará o no a cabo lo propuesto y su explicación.
  • Premiar las ideas: generar un ambiente en el cual los recursos piensen soluciones a problemas tanto del cliente interno como externo. Luego reconocer ante el grupo a quien logró repensar un asunto.
  • Plan de comunicación: es imposible pretender un cambio si el líder no da el ejemplo. (Para tener en cuenta: el plan de comunicación en una pyme es la manera de actuar y el estado de ánimo de su líder).
  • Entender el “para qué”: tomarnos el momento de conocer el verdadero interés que persiguen nuestros recursos a la hora de trabajar. Te puedo asegurar que a la mayoría le gusta el dinero, está claro, pero todos no lo tienen como máxima ambición.
  • Productividad equilibrada: 8 de cada 10 recursos en una pyme manifiestan no utilizar agendas de trabajo. Es así que su día a día los consume y sienten frustración luego de largas jornadas. Debemos promover la capacitación. Hay muchas herramientas y papers que podemos encontrar en la web.
  • Cultura empresaria: cultura es aquello que hace la gente cada día sin necesidad de que se le pida que haga. Por ende, es clave trabajar todos los días en la cultura de nuestra empresa.

Y ahora que finaliza el artículo, ¿qué equipo preferimos?

Tanto para unipersonales como equipos de trabajo tenemos que entender de qué manera pensamos y sentimos los objetivos de la empresa. Para que el entusiasmo se convierta en resultado, es trascendental el grado de actitud y acción de su ejecutor.

Ya tenés los tips, ahora te invito a trabajar en tu liderazgo para no depender de factores “comunes” de motivación y lograr generar valor puertas adentro de tu empresa. No solo tu cliente externo es quien tiene que tener ganas de volver a visitarte.

26 de julio 2019

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