Mujer emprendedora

¿Emprendedoras empoderadas? No todavía

¿Emprendedoras empoderadas? No todavía
Mientras los movimientos feministas se manifiestan por los derechos de la mujer y aumenta el poder femenino en todos los ámbitos, en las pymes y emprendimientos todavía hay camino por recorrer.
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En tiempos de reivindicaciones y cuestionamientos acerca del rol de la mujer en la sociedad, los emprendimientos y las empresas también deben cambiar su mirada y sus prácticas para crear un entorno de mayor inclusión femenina.

La realidad está lejos de ser igualitaria. Diversas cuestiones de género atraviesan los emprendimientos y dan forma a esta situación, aún desfavorable para nosotras. Algunos disparadores para reflexionar, mirar a nuestro alrededor, y ponernos en acción para ser parte de la transformación y el empoderamiento de las mujeres en pymes y emprendimientos.

  • Poca representación en directorios y conducción de empresas. Las mujeres son minoría o no están representadas en la mayoría de los directorios y altos mandos de las empresas argentinas (¡en el resto del mundo no es tan diferente!). Si bien hay casos reconocidos, como Isela Constantini o Susana Balbo, y un creciente número de emprendedoras al frente de sus propios negocios, no dejan de ser excepciones en un ambiente mayoritariamente de hombres. El “techo de cristal” es una realidad también en las pymes, donde si bien trabajan muchas mujeres, pocas alcanzan los puestos jerárquicos.
  • El dinero no es tema solo de hombres. Persiste en gran parte de la sociedad una idea de que los temas económicos pasan por los hombres (probablemente apoyan esta idea los “jefes de hogar”, los cargos financieros en cabezas masculinas, los trajes grises en las reuniones de directorio o los nombres de la mayoría de los funcionarios públicos en el sector). Mientras que las mujeres avanzan más rápido en áreas de comunicación, recursos humanos o ventas, las áreas financieras suelen seguir a cargo de hombres, y las remuneraciones distan de ser equitativas. Es hora de que el dinero y la independencia económica sean temas femeninos sin tabúes.
  • ¿Liderazgo femenino? Tal vez. Algunos sostienen que las mujeres en posiciones de liderazgo suelen ser más inclusivas, comprensivas y emocionales. Y que esto beneficia a las empresas porque facilita la vida equilibrada, la cercanía con clientes y personal, y un día a día menos violento y más amoroso. Es posible. Pero no deja de ser un estereotipo que, con suerte, hace que las líderes con otros estilos se sientan incómodas y, en muchos casos, sigue dejando afuera al género femenino de la conducción. Las personas tenemos diferentes formas de liderar y todas pueden ser útiles en pymes y emprendimientos (hombres comprensivos, mujeres eficientes y viceversa).La realidad está lejos de ser igualitaria. Todavía hay un largo camino hacia el empoderamiento femenino en pymes y emprendimientos.
  • Negocios “masculinos y femeninos”. Es fácil hacer una lista y ejemplificar los emprendimientos “femeninos” (ropa, estética , niños) y los “masculinos” (transporte, construcción, industria). Pero no dejan de ser resabios de una cultura machista que permitió a las mujeres insertarse primero en mercado más cercanos a sus actividades tradicionales, asignadas por una sociedad de otro tiempo.
  • Habilidades empresariales para tod@s. En la misma línea de pensamiento de los puntos anteriores, suele hacerse una generalización de las habilidades femeninas (integrar, comunicar, cuidar), acompañada de una percepción negativa acerca de ciertas habilidades clave para el mundo empresarial. Suele asumirse que las mujeres son menos hábiles que sus pares masculinos para negociar, manejar dinero, competir, orientarse a resultados, asumir riesgos. La formación y la capacitación (de hombres y mujeres) es vital para romper estos prejuicios.
  • Emprendedoras: doble esfuerzo. Si emprender es ya de por sí un enorme desafío, suele serlo doble para las mujeres . Aunque el negocio propio es un ámbito nuevo con una cultura por crear, al comienzo de su actividad la mayoría de las emprendedoras ha sentido que tuvo que superar “barreras de género”: con socios, inversores, empleados, familia, proveedores. Cámaras y asociaciones de mujeres pyme se enfocan en estas problemáticas particulares. En la Argentina y en la región existen pocas políticas públicas específicas para promover una inclusión más amplia, a pesar de declaraciones como las del G20.
  • Cultura laboral y organizacional con mirada masculina. Ciertos hábitos y comportamientos en el día a día de los negocios son barreras a veces imperceptibles para el empoderamiento femenino. Quienes estamos en el mercado laboral desde hace varias décadas, nos sentimos más de una vez ante la frustración de quedar fuera de una actividad por ser mujer, enfrentar chistes machistas en reuniones de trabajo, tener que justificar el cuidado de nuestros hijos o decir “no” a algún avance masculino inapropiado. Diseñar culturas más inclusivas que contemplen la realidad de todos, es todavía una tarea pendiente en la mayoría de las pymes argentinas.

25 de febrero 2019

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