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Claves para alcanzar los objetivos que nos proponemos

Claves para alcanzar los objetivos que nos proponemos
Cada comienzo de año representa una oportunidad para establecer las metas que queremos alcanzar en los próximos meses. Pero luego suele ocurrir que el tiempo pasa y esos objetivos quedan solo en un papel. En esta serie de notas, el autor da claves para cumplir con nuestros planes.
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Vamos acercándonos a fin de año y, como todos sabemos, es momento de balances y planes. Es allí donde revisamos con mirada crítica qué es lo que hicimos en los últimos 12 meses y comenzamos a delinear qué queremos hacer para el próximo periodo. Tradicionalmente a fin de año aparecen los conceptos de resultados, objetivos y metas; también nos damos cuenta cuán alejada ha quedado la expectativa de resultados esperados y aquellas metas que, con tanta ilusión, generamos el periodo anterior.

Allí nos damos cuenta de que cuando uno habla de metas, en muchas ocasiones piensa inmediatamente en utopías enfocadas en deudas personales, organizacionales y/o familiares, que ha perseguido por años y en las cuales quizás hasta haya fracasado en el intento de alcanzarlas. Pero entonces, ¿qué son las metas?

Podríamos definir las metas como el fin deseado hacia el que se dirigen las acciones y recursos de una persona u organización, de forma planificada y comprometida.

La definición y búsqueda de objetivos y metas organizacionales o personales no deben ser acciones aisladas, sino que se deben llevar a cabo en el marco de la planeación estratégica global que busca definir en periodos más largos de tiempo qué queremos ser a mediano y largo plazo. La meta en sí es sólo el resultado final de un camino que hemos decidido seguir. La pregunta es entonces, ¿qué es más importante: el camino a la meta que quiero/debo alcanzar o la concreción de un resultado organizacional?

Ante esta pregunta, creo que no se debiera llegar a las metas a cualquier precio: deben ser el resultado de un proceso de esfuerzo, disfrute y logros conjuntos que se da como consecuencia casi natural de hacer aquello que queremos o necesitamos como persona u organización.Las metas se pueden definir como el fin deseado hacia el que se dirigen las acciones y recursos de una persona u organización, de forma planificada y comprometida.

¿Son necesarias las metas en mi vida y en mi organización?

Claro que sí, no imagino una persona o empresa que pueda deambular por la vida sin definir a dónde va ni para qué quiere llegar a un determinado punto. Podríamos pensar las metas como el combustible imprescindible de la emocionalidad, el cuerpo y el lenguaje de las personas y organizaciones para movilizarse, avanzar y conocer cuánto les falta recorre para llegar a dónde querían estar.

¿Qué son las metas organizacionales?

Las metas empresariales u organizacionales son aquellas que definen los líderes de una empresa para que se logren en un determinado plazo de tiempo, cómo se hará el seguimiento de dicho avance y cuáles son las etapas intermedias que permitirán construir el logro total (objetivo), que deberá estar alineado al plan estratégico. Las metas organizacionales no pueden ser simplemente una utopía de algún director, gerente o jefe que considera que el crecimiento está en alcanzar un resultado numérico o cualitativo; las metas empresariales deben ser el resultante de la persecución de la empresa de su visión, resguardada por la misión y siempre regida por sus valores.

Cualquier otro mecanismo para alcanzar una meta será solo una forma de engañarnos organizacionalmente y colocar el “caballo delante del carro”. Si nuestra Misión, Visión y Valores organizacionales no son coherentes con nuestras metas, estamos obligados a revisarlas en pos de conseguir coherencia organizacional, de otro modo solo seremos una organización resultadista con escasa sustentabilidad en el tiempo.

¿Todas las metas empujan para el mismo lado en una organización?

Es importante entender que no todas las metas de mi organización tienen un impacto sinérgico en ella: es común encontrar mapas estratégicos de organizaciones donde uno detecta que el cumplimiento de objetivos de una parte de la organización atenta o puede comprometer el cumplimiento de las metas de otra parte de la organización. Es allí donde la planificación estratégica de la organización debe estar muy atenta para poder nivelar y arbitrar las acciones que se llevarán a cabo para lograr los resultados globales esperados.

Para clarificar este concepto, pensemos en el siguiente ejemplo: una empresa dedicada a la venta de servicios tiene un esquema de descuentos para sus clientes dependiendo del periodo en el cual contraten los servicios. Para el área de venta, anticipar la venta con el argumento de obtener el descuento genera mucho beneficio y les sirve de artilugio de ventas. Pero para el CFO (Chief Financial Officer) de la compañía, adelantar los ingresos por servicios le impide aplicar la tarifa completa que se había diagramado. Por consiguiente, si el área Comercial supera sus metas adelantando las ventas, el área de Administración verá relegado su objetivo presupuestario ya que le será más difícil poder recaudar lo que había planificado en su cashflow. Inversamente, si quien definiera la estrategia fuera el CFO, que tiene como meta el maximizar la recaudación, intentaría desplazar lo máximo posible en el tiempo las ventas de forma tal, que los descuentos se minimicen y los precios sean más altos. Claramente en este ejemplo, que es muy cercano a la realidad de la mayoría de las empresas, podemos ver cómo las metas organizacionales en algunos momentos pueden ser contrapuestas entre las diferentes áreas de la organización generando un estrés que deberá ser administrado por el alto management.

En el próximo artículo, te contamos los distintos tipos de metas y plazos que existen para cumplirlas.

19 de diciembre 2018

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