Planificar

¿Tiene sentido planificar en contextos inciertos?

¿Tiene sentido planificar en contextos inciertos?
Llega fin de año y, con sus corridas, también llega el tiempo para hacer balances y planes para el futuro. Pero muchos se preguntan si vale la pena planificar cuando el contexto es tan cambiante.
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La época de diciembre es la elegida, casi como impuesta, para hacer balances. A su vez, es un momento del año en el cual estamos demasiado cansados de todo lo vivido y afrontado, demasiado comprometidos con despedidas y salutaciones, demasiado ocupados con aprovechar las festividades, para poder cerrar un poco más dignamente los números si nos movemos en un rubro donde “enero es un mes muerto”, o demasiado atareados con la llegada del receso escolar y las vacaciones si estamos en rubros cómo hotelería y turismo, donde la estacionalidad alcanza su pico.

La vida de las personas y las organizaciones es un continuo, pero es buena la excusa del cierre de año para tomarnos un momento para pensar. Para pensarnos. Y si nos queda más cómodo el 3 de enero, enhorabuena, pero programemos ese momento y ese ejercicio de hacer un balance y de proyectarnos a futuro.

En una entrevista reciente me preguntaron si tiene sentido hacer planes cuando el contexto es tan vertiginosamente incierto y cambiante. Yo digo sí. Sí tiene sentido. Sí a los planes, mientras estos sean una herramienta para alcanzar nuestros objetivos y no un fin en sí mismo. Que nos sirvan para movernos organizada y eficientemente. No para encorsetarnos y limitarnos. En tiempos de cambios y de crisis necesitamos tener objetivos y planes de acción para alcanzarlos, y la suficiente flexibilidad para actualizarlos y reformularlos cuando sea necesario.

La estrategia frecuentemente se asocia en la literatura específica con un juego de ajedrez y me parece absolutamente válida y relevante la comparación. Uno planea su jugada, pero no sabe que le devolverá el oponente.En tiempos de cambio necesitamos tener objetivos y planes de acción para alcanzarlos, y la suficiente flexibilidad para actualizarlos y reformularlos cuando sea necesario.

Pensemos por un momento la figura del oponente en un sentido amplio que exceda a los competidores directos; pensemos “oponente” como el entorno y cualquier cambio en las condiciones o premisas bajo las cuales planificamos nuestra jugada y que, repentinamente, nos sorprenda, nos descoloque inclusive.

Deberemos tener la capacidad de analizar críticamente nuestra movida anterior. De hacer un recuento de nuestros recursos, nuestras fortalezas y debilidades. Poder visualizar las oportunidades y amenazas que nos presenta la nueva configuración del tablero. Evaluar, entonces, cuál será el uso más eficiente de nuestras “tropas”, tal vez menguadas, en el futuro. Para llegar a dónde. Para alcanzar qué situación.

Por eso, los invito: tomemos un momento en el calendario. Hagamos balances. Hagámonos preguntas. Hagamos nuevos planes. Y a la vez, mantengámonos alertas y flexibles, que no es lo mismo que a la deriva y desorganizados.

La incertidumbre, dijo alguien, es lo único constante. Somos nosotros quienes, día a día, decidimos si simplemente la padecemos o la aceptamos y aprendemos a movernos en ella.

22 de enero 2019

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