Tus planes

¿Qué sociedad conviene a la hora de emprender en la Argentina?

¿Qué sociedad conviene a la hora de emprender en la Argentina?

Dar forma jurídica a su negocio es una de las primeras grandes decisiones de los emprendedores. En la Argentina, se han ampliado las opciones desde 2017.

$.-

Uno de los primeros dilemas que deben enfrentar los emprendedores al momento de formalizar su estructura es la elección del tipo de sociedad conforme sus necesidades.La otra opción más utilizada por los emprendedores hasta la creación de la S.A.S., era la S.A. Sin embargo, como fue pensada para la gran empresa y puede generar dificultades en la vida de un emprendedor.

Dentro de las opciones que ofrece la legislación argentina podemos destacar las siguientes: la Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.R.L.), la Sociedad Anónima (S.A.), la Sociedad Anónima Unipersonal (S.A.U.), la Sociedad por Acciones simplificada (SAS) y las Sociedades de la Sección IV (antes conocidas como sociedades de hecho).

Dentro de las figuras que debemos descartar se encuentra, en primer lugar, la S.A.U. ya que si bien este tipo societario fue presentado como una sociedad pensada para las pymes y los emprendedores, la legislación fue finalmente contraria a dicho objetivo, sirviendo en la actualidad solamente a grandes grupos empresarios. Esto se debe a que la Ley de sociedades la fijó dentro de las sociedades con fiscalización estatal permanente (art. 299), lo que conlleva que deba cumplir con requisitos rígidos, tales como la designación de un órgano de fiscalización obligatorio y suplentes, por lo que, para constituir una sociedad anónima unipersonal, paradójicamente, se necesita de varias personas.

Por otro lado, las sociedades "simples" o de la sección IV de la ley de sociedades, cuentan con dos claras desventajas. En primer lugar, no limitan la responsabilidad de sus miembros de forma completa, por lo que los socios podrán responder por las deudas de la sociedad con su patrimonio personal, cuestión no menor si se toma en cuenta la tasa de mortandad de los emprendimientos en la región. En segundo lugar, el no haber adoptado uno de los tipos societarios expresamente regulados por la ley argentina, les quita una clara ventaja de formalidad, por lo que su interacción en el mercado puede verse comprometida, por ejemplo, al ir a pedir financiamiento a una institución bancaria, o también al intentar receptar inversiones.

En cuanto a las S.R.L., si bien fueron pensadas para las pymes, son producto de una ley del año 1932 (ley 11.645), es decir de hace 85 años. Estas nunca han receptado por completo las necesidades de las pymes y poseen limitaciones para hacer frente a las problemáticas de los start ups y emprendedores. Por ejemplo, al tener el capital social dividido en cuotapartes, esto genera una serie de limitaciones, como la imposibilidad de crear diferentes clases de cuotas, lo que dificulta diseñar el capital acorde al ingreso de un socio inversor, diferenciando las distintas necesidades o facultades de cada uno. Asimismo, para transferir una cuotaparte de una S.R.L., se requiere una reforma del contrato social, por lo que cada trasferencia debe inscribirse en el Registro Público, lo que provoca mayores costos y burocracia.

La otra opción más utilizada por los emprendedores, hasta la creación de la SAS, era la S.A. Sin embargo, como fue pensada para la gran empresa y puede generar dificultades en la vida de un emprendedor. Tiene ciertas limitaciones, como, por ejemplo, que los cargos del directorio deben renovarse cada tres años, lo que genera un costo a la sociedad; los estados contables deben presentarse anualmente al Registro Público (no es obligatorio para las S.R.L. ni para las SAS); en caso de que los socios no estén de acuerdo con una decisión, o que uno de ellos se vea imposibilitado de ir a una asamblea, la misma deberá ser convocada por edictos, con plazos obligatorios, lo que genera una estructura de costos muy deficitaria para el emprendimiento.

Es por este motivo que la Sociedad por Acciones simplificadas (SAS), regulada en la ley de emprendedores (N°27.349) del año 2017, aparece como la forma jurídica más adecuada para que los emprendedores y las pymes desarrollen sus emprendimientos.

En primer lugar, porque la SAS ha sido pensada y concebida especialmente para los emprendedores y las pymes argentinas, como forma de modernizar el derecho societario argentino. Fue creada por un expreso pedido de los emprendedores (organizados en ASEA), e impulsada por la SEPYME, como una herramienta que el Estado otorga, sin resignar seguridad jurídica, para favorecer y desburocratizar la creación de empresas.

La SAS ofrece una herramienta jurídica y societaria con muchas ventajas, acorde con las necesidades de quienes hoy emprenden. Busca que los emprendedores puedan estar integrados en una economía formalde sus actividades y puedan centrar todos sus esfuerzos en la producción de bienes y servicios, sin trabas burocráticas a sus proyectos. Se basa, además en las legislaciones mundiales más avanzadas en esta materia para facilitar la creación un ecosistema emprendedor más competitivo.

¿Te resultó útil?

máximo 800 caracteres

1 comentarios
Jose Esteban Mallmann
Jose Esteban Mallmann·Hace 8 meses

Estimado Alejandro, he leído tu nota y si bien podemos disentir en los tipos societarios, el hacer hincapié en las 24 horas "famosas" de constituír una sociedad y llevar registros electrónicos, nada garantiza que el emprendimiento va a ser exitoso, incluso en tu nota mencionás la "alta tasa de mortandad de los emprendimientos" y es cierto, porque ideas tenemos todos, viables, unos pocos. La figura del monotributo encajaba perfectamente en el emprendedor para luego poder dar el salto a un instrumento jurídico una vez garantizado el emprendimiento. Tuve oportunidad de reunirme con emprendedores, con ideas brillantes, pero sin financiación y ese asunto que al tener una SAS te va a llover la plata...Una empresa no nace en 24 horas y te lo digo por experiencia, soy la tercera generación de una empresa de 90 años que tengo que reconvertir por cuarta vez en mi vida. Un saludo. Mallmann