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Salve Regina: "El cliente es mi jefe"

Salve Regina: El cliente es mi jefe
Samanta Schnabel es el alma mater de Salve Regina, una marca de accesorios religiosos que se animó a innovar en un rubro con poco color. En este video, cuenta qué la llevó a emprender, qué tuvo que resignar en el camino y cómo logró construir un negocio consolidado.
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“Los primeros tres meses me la pasé llorando”, arrancó diciendo Samanta Schnabel, fundadora de Salve Regina, la marca de accesorios religiosos que conquistó a grandes y chicos, en el primer Encuentro Buenos Negocios 2019, que se realizó en zona oeste. Es que emprender no siempre es un camino de felicidad como se pinta, y Samanta resignó un trabajo en relación de dependencia y un sueldo fijo por la incertidumbre y los avatares diarios del mundo emprendedor.

Así y todo, puso primera y, en 2011, arrancó con su madre a armar los primeros rosarios con cuencas de colores. De aquellos primeros pasos hasta hoy, Salve Regina supo crecer: actualmente, cuenta con 50 empleados y una planta propia de 650 m2 donde producen desde rosarios, hasta estampitas y llaveros, entre otros productos. Además, tienen 6 locales propios y explotan todos los canales de comercialización posibles para estar cerca de sus clientes.

Te acercamos algunas de las claves de su historia emprendedora que compartió en el video y en la charla del Encuentro Buenos Negocios:

  • Adaptarse al crecimiento. “Al crecimiento, te vas adaptando a los golpes. No te queda otra opción. Cuando Regina empezó a crecer, se sumó marido. Sola advertí que no podía más. Cuando dos, ya la cosa es más sencilla porque se reparten las decisiones”.
  • La soledad del emprendedor. “Cuando arrancás a emprender, tenés toda la carga encima. Es muy solitario el trabajo. Por eso, es fundamental armar equipo”.
  • Mi equipo, mi sostén. “Mi equipo es mi red de contención, los que me aconsejan. Con ellos, me siento acompañada. Eso hizo que pudiéramos seguir avanzando. Sin equipo te quedás en el primer estadio del emprendimiento”.
  • Planificar, cuando se puede. “Cuando uno emprende, a veces las cosas van tan rápido que es imposible detenerse y decir:´voy a proyectar´. Después, cuando armás un equipo con profesionales, ellos te obligan a planificar”.
  • Delegar, otro desafío. Delegar es necesario porque, si no, vos sos el techo de tu emprendimiento. Pero no fue fácil: para mí cada producto era como un hijo, y verlo en manos de otras personas, me costó. Mi equipo me enseñó a delegar”.“Mi sueño es llegar a estar en todos lados. Quiero ser una pyme de exportación".
  • Innovar como esencia. “La creatividad y la innovación están en el ADN de Salve Regina. Este nicho era todo monocromático; todo era marrón. Empecé a trabajar con el color y nuevos materiales; también innové con el packaging”.
  • Foco en el cliente. “El cliente es mi jefe. Me encanta ir a los locales y ver qué piden los clientes o cómo reaccionan ante los productos. Tenemos, además, una unidad de negocios para que el cliente se diseñe su propia estampa y souvenir en la tienda virtual. Escuchar a los clientes es clave, es el ABC. En redes, tenemos más de 1 millón de seguidores y respondemos a todos”.
  • Canales de venta. “Tenemos todos los canales de comercialización que existen. Desde locales propios hasta ecommerce, pasando por franquicias y vendedoras independientes”.
  • Crecer hacia el mundo. “Mi sueño es llegar a estar en todos lados. Quiero ser una pyme de exportación. Con una revendedora internacional empezamos a probar con Chile, Uruguay, México, Perú. Todavía es una unidad de negocios muy chica, pero estamos plantando la semilla”.
  • Ser mujer emprendedora. “Es un desafío que espero dure poco tiempo. El legado que quiero dejar para mis hijas es que no importa el género para emprender; que todos podemos hacerlo”.

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